Vilma Espín Guillois fue una de las dos primeras mujeres en Cuba que se recibió en Ingeniería Química Industrial, ella lo hizo en la Universidad de Oriente. Particular cercanía guarda nuestra ciudad con la heroína que realzó el papel de la mujer cubana y que formó parte de la segunda universidad creada en el país.
Las primeras acciones de la joven guerrillera, estuvieron relacionadas con los esfuerzos de toda la comunidad universitaria por conseguir la oficialización del centro de estudios y el otorgamiento de un presupuesto que permitiera la construcción de nuevos locales, habilitación de aulas, talleres y laboratorios de la casa de altos estudios que se fundara en 1947.
Era una alumna integral: fue una de las estudiantes seleccionadas para pertenecer al primer grupo de la Coral Universitaria, la que defendió con una afinada y bien timbrada voz de soprano. Fue además la capitana del equipo femenino Mambises de voleibol. Se le recuerda como la primera en las marchas, alzando el banderín que representaba a la universidad y a su facultad.
Según el Dr. Manuel Fernández Carcassés Vilma contaba con brillantes calificaciones en su expediente académico. Amaba la Historia de Cuba, y se destacó en los momentos fundacionales de la Federación de Estudiantes Universitarios de Oriente (FEU-O).
Cuando el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, salió a las calles junto a Frank País, otros estudiantes y profesores progresistas a manera de protesta.
La Universidad de Oriente fue para ella a partir de entonces, lugar de reuniones clandestinas, escondite de armas, y el espacio para gestar el futuro libre de la isla.
En 1954 se gradúa. En el 2002 en retribución a su obra y actuación para/con el centro de estudios superiores santiaguero le es conferido el título de “Doctor Honoris Causa”. En agosto del 2007 (a pocos meses de su muerte) se publicaría una edición especial de la Revista Mujeres en su honor, y allí versaban las palabras de Vilma Espín sobre la Universidad de Oriente:
Me gusta la Universidad por el ambiente de superación cultural que en ella impera. Es digno de ver como la frivolidad de las charlas juveniles va desapareciendo para dar paso a conversaciones sanas y meditadas. También es de notar el sentido de responsabilidad que en ella se adquiere.
Me gusta la Universidad por la camaradería que existe entre alumno y profesor. No existe, como en otras universidades, el temor al profesor nacido del poco contacto entre éste y sus alumnos y que es la causa de más de un estudiante fracasado. Pero sobre todo me gusta la Universidad por la fraternidad que existe entre todos sin importar la diferencia de credo, raza u opinión.