Periódico Sierra Maestra

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El huerto casero del profe Hebert Pérez

20200611 174330El Dr.C. Hebert Pérez Concepción ha obtenido, entre otros grandes reconocimientos, el Premio Nacional de Historia del año 2017. Habla varios idiomas, y su trabajo traduciendo del y al inglés los textos históricos es muy apreciado dentro y fuera de Cuba, así como sus estudios sobre José Martí. Lo conozco desde que era una niña. Si no fuera por eso, quizás no tuviéramos esta entrevista, ya que al modesto profe Hebert le asombró que alguien quisiera escribir sobre el jardín de su casa, que él califica como “nada del otro mundo”.

20200611 174118 1Pero le garantizo, querido lector, que sí lo es. Este reconocido historiador tiene en su casa, en plena ciudad de Santiago de Cuba, un huerto con una variedad de sembrados, que trabaja él mismo. Tiene berenjenas españolas, más delgadas y con una cáscara diferente, que él prefiere quitar antes de comer. Durante cuatro o cinco meses estuvo comiendo a diario ensalada de rúcula, aunque ahora con la llegada del verano la planta se niega a darse en esta caliente ciudad. Tiene varias matas de plátano macho, plátano fongo, guineo (platanito fruta para los occidentales) enano y Johnson. Espinaca, boniato, yuca, ají, quimbombó y ñame encuentran también lugar en un espacio no demasiado grande.

“Intenté sembrar tomates”, nos explica, “el problema es que siempre le cae una plaga. Pero insistiré. Más que el tomate de ensalada me interesa el tomate pequeño de cocina. Llevará trabajo, pero el reto valdrá la pena cuando esté el resultado. También tengo habichuelas, recién sembradas, que al principio pensé que no se iban a dar porque la semilla no tenía mucha calidad, aunque ya veo que se está dando. Hay una mata de mangos, que reduce el espacio de sembrar otras cosas pero viene bien porque es una mata muy paridora”.

Por supuesto, al ver todo esto nos surgieron varias preguntas. La primera, para cualquiera, sería: ¿cómo un Premio Nacional de Historia decide empezar a sembrar en medio de la ciudad? El profe nos explica: “En los noventa, cuando el Periodo Especial, yo lo preví. La primera en sembrar acá atrás fue mi difunta esposa, con un cuchillo, pasando muchísimo trabajo. Luego conseguí mejores herramientas y fui ampliando la variedad. Eso nos alivió mucho la carga que todos los cubanos estaban sufriendo en ese momento, ya que de lo que cosechábamos comíamos nosotros, nuestros hijos, y nos alcanzaba para ayudar un poco a los amigos y vecinos. Cuando me di cuenta de que venía otra situación de contingencia, recuperé el huerto, que había dejado un poco abandonado.

20200611 174928“Todo lo que uso acá es natural, hasta el abono. Cuando aquello me iba a correr varios kilómetros por la carretera, y me llevaba un saco viejo donde echaba las bostas de caballo que veía por el camino. También iba a las vaquerías y cargaba estiércol. Hay quien dijo y todavía dice que yo no me debería dedicar a esas cosas ya que soy un académico, pero no me daba vergüenza, porque necesitaba alimentar a mi familia. Ahora ya no recurro a eso, porque utilizo los desechos del propio sembrado. Verás que no está bien desyerbado, y los puristas de la agricultura te dirán que no es un huerto prolijo y que no lo estoy haciendo bien.

“Esto tiene una razón de ser. Como puedes observar, no es un terreno llano, sino una bajada en picado hacia la calle. Dejo la hierba para impedir la erosión y los desprendimientos cuando llueve. Además, los restos de esa misma yerba son un buen abono. En otro punto hubo un agujero muy grande, ya que se quería construir, cosa que no pasó. Ahí he ido acumulando cáscaras y semillas de plátano, la yerba que quito, hojas muertas, etc. Todo eso lo utilizo de abono”.

Por supuesto, Hebert Pérez no puede evitar ser y pensar como un académico: “Leo revistas”, nos dice, “artículos de internet, etc. Mi hijo me mandó desde España un artículo muy interesante sobre las hojas del boniato. Aparentemente allá se comen las hojas, como un vegetal, y tienen muchísimas cualidades. Yo llevo algún tiempo comiéndolas y tienen muy buen sabor. Recuerda a la acelga.

20200611 174140“Esto no es mecánico. No puede sembrarse una planta y esperar que se dé sola. Lo fundamental es el trabajo del hombre. Hay que limpiar lo más posible alrededor del plantón, regar, abonar, hay que darle su cuidado. Dedico unas cuántas mañanas. Me levanto a las 7:00 a.m. y estoy hasta las 9:00 o 10:00 trabajando la tierra. Pero no es todos los días, toma más tiempo cuando hay que romper y remover la tierra para sembrar. Esto era un depósito de tierra mala de construcción, lleno de piedras, así que al principio costó trabajo ponerlo en orden.

“Pero no es algo que esclavice. Una persona con mediana capacidad y los instrumentos de trabajo correctos, puede mantenerlo fácilmente dedicándole el fin de semana. Y no todo el día, porque ya después de las 10:00 es terrible por el sol y el calor. Vale la pena, porque es muy cómodo hacer un potaje y tener en el propio patio un vegetal que echarle. A veces no alcanza el arroz a fin de mes, entonces dispones de viandas. Estoy tratando de aprovechar más los espacios que en otros momentos, y la variedad”.

El profesor reflexiona acerca del actual llamado del país a fomentar la agricultura urbana y familiar: “Antes, cuando la Revolución recién triunfaba, existían folletos que se repartían, y enseñaban a tener sembrados como estos en casa. Traían datos muy útiles y necesarios. Para mí, ahora mismo hay dos formas de que el país nos demuestre su compromiso de ayudar a las personas que quieran llevar a cabo proyectos como este. Una es esa: la disposición a hacerles llegar el conocimiento que necesitan, en forma de una publicación, que puede ser un suplemento en el propio periódico.

“La otra, creo yo, es hacerles llegar las herramientas necesarias. Con un cuchillo de cocina se puede abrir la tierra, pero no se puede hacer un huerto. Y no hay dónde comprar las herramientas correctas. No conozco un sitio donde pueda comprar semillas, abonos y demás. Y todo eso hace falta. Si el gobierno quiere que proyectos como estos se multiplicaran y obtuvieran mejores resultados, debería crear esas condiciones. Porque ya le digo, las personas enseguida notarán la utilidad de tener aunque sea un poco de tierra con algo sembrado en esta. Hasta el clima del patio ha cambiado, todo es más fresco ahora. Es una contribución ambiental, incluso”.

No voy a negar que cuando me despedí del profe Hebert, fui hasta mi casa pensando cómo aplicar su ejemplo y sembrar algunas yerbas para condimentar. Aunque fuera en una maceta.

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