La Cervecería Hatuey, con más de nueve décadas de creada, figura entre las entidades de la provincia de Santiago de Cuba, que en medio de la actual pandemia de la COVID-19 limitó sus fundamentales producciones y se volcó a la búsqueda de una estrategia, dirigida a mantener su vitalidad y brindar un aporte a la alimentación de la populosa población de esta porción suroriental del país.
Francisco Maury Figueredo, director general de la empresa que circunscribe además a los territorios de Granma y Guantánamo, destacó que teniendo en cuenta la limitación de la venta de bebidas alcohólicas, orientada entre las principales medidas sanitarias, se reorientó la transformación en la elaboración de cerveza a granel, dispensada y embotellada, que representaba en su conjunto casi el 100% del total de la producción.
En ese sentido, se quedó en un mínimo de unidades la cerveza embotellada y se priorizó entonces la fabricación de malta a partir de un esfuerzo de los integrantes del movimiento de innovadores y racionalizadores de la “Hatuey”, quienes recuperaron una planta productora de color caramelo decisiva en la conformación del nutritivo alimento, que en estos momentos satisface paulatinamente las necesidades alimentarias de la población.
Esa alternativa, manifiesta Maury Figueredo, permitió al colectivo producir en el mes de abril unas 5 000 cajas de malta, cifra que representaba el plan del actual año. A partir de ese esfuerzo, sus 456 trabajadores no renunciaron al reto de la solicitud de añadir otras 5 000 para completar más de 10 000 cajas, las cuales estuvieron respaldadas además por la existencia de materias primas de importación.
La estrategia adoptada, argumentó el director de la entidad, también permitió aportar la venta de módulos que incluía entre otros productos, vinagre, vino seco y salsa Taíno, esta última muy semejante a la salsa china. De igual manera, la autorización de llevar la malta a los formatos de dispensada y a granel, posibilitó realizar un aporte significativo del producto en mayo y lo que va de junio, asegurándose también el envío de la malta a granel a los municipios.
El trabajo mancomunado de los factores del centro –administración, sección sindical, comité del Partido Comunista de Cuba, la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba y la ANIR- permiten exhibir ese éxito productivo en ascenso que tendrá continuidad a partir de mantenerse siempre en alto el espíritu de sacrificio y combate de los cerveceros, quienes apuestan por contar con la materia prima necesaria.
El habitual ajetreo en un centro de producción permanente, prevalece en la Cervecería donde unos 120 trabajadores vulnerables al Coronavirus permanecen en casa por una razón u otra. Allí, el esfuerzo productivo se multiplica a la par con las medidas sanitarias, destaca el doctor Osmel Fernández, quien afirma que se realizan pesquisas diarias a todos los trabajadores, se tienen instalados unos 32 baños podálicos desde la entrada principal al centro hasta los departamentos, almacenes y unidades, mientras se exige por el uso correcto del nasobuco, el aislamiento social y las charlas educativas, entre otras.
Por estos tiempos, comenta Arelis Torres, secretaria general del Buró Sindical del centro, los trabajadores ya cumplieron con el Aporte a la Patria, como saludo al Primero de Mayo, además se mantienen actualizados en el pago de la cuota sindical y conjuntamente con la UJC, el PCC y la Administración realizaron el aporte de 30 donaciones voluntarias de sangre y apoyan la estratégica tarea de la producción de alimentos en los Polígonos productivos y en Revolución.
El transcurrir del tiempo se muestra en la obsoleta tecnología de la “Hatuey”, que por estos convulsos momentos aporta sin tener en cuenta sus años. Hombres y mujeres de tradición cervecera hacen realidad los nuevos éxitos productivos, que no dan espacio al tiempo y siguen colaborando a pesar del fortalecimiento del bloqueo económico, financiero y comercial del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba y la amenaza de la pandemia.