Desde Santiago de Cuba, un homenaje a África

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por Yanet Alina Camejo Fernández
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jardinero cirujano 22El Dr.C Ricardo Hodelín Tablada es un ferviente investigador de la historia; así lo ha demostrado en su obra literaria Enfermedades de José Martí, una excelente literatura que refleja las disímiles patologías que sufrió el Apóstol cubano como ser humano y que ya va por su segunda edición.

Sin embargo, esta vez, su intelecto y pasión nos reveló la historia del jardinero cirujano Hamilton Naki, sudafricano que realizó el primer trasplante cardiaco entre humanos, en la Ciudad del Cabo, y que por su condición de negro quedó en el anonimato, un hecho cruel producto del apartheid y su odio hacia la raza negra.

En saludo al Día de África y en homenaje a este médico en el 15 aniversario de su fallecimiento el pasado 29 de mayo, Hodelín publicó la sorprendente historia en el periódico Trabajadores, Órgano de la Central de Trabajadores de Cuba.

Por ser un escrito sumamente novedoso, interesante y como digno reconocimiento a este gran continente, comparto con el público indómito esta relevante historia que demuestra la dedicación del autor hacia la investigación, además de ser un destacado científico santiaguero, vicepresidente de la Filial Oriente Sur de la Academia de Ciencias de Cuba y médico Neurocirujano de nuestro territorio, entre otros méritos.

De su sentir hacia esta historia Hodelín destacó: “Hace unos años estuve en el hospital donde sucedieron los hechos y conocí una enfermera que trabajó con Naki y con Christiaan Barnard, incluso teníamos previsto un encuentro para conocerlo personalmente pero antes falleció. Creí un acto de sincera justicia dar a conocer a este héroe anónimo”, puntualizó.

· El jardinero cirujano víctima del apartheid

(Publicado el 24 mayo, 2020 • por DrC. Ricardo Hodelín Tablada)

El primer trasplante cardíaco entre humanos se realizó en la Ciudad del Cabo, Sudáfrica

jardinero cirujano 23La historiografía médica y la prensa le dieron todos los créditos a un joven médico de piel blanca, el doctor Christiaan Barnard. Otro protagonista de esta épica intervención quirúrgica, Hamilton Naki, quien con manos expertas fue el encargado de extraer el corazón de la fallecida, no fue mencionado.

Él, por su condición de negro, en un país donde imperaban las reglas del apartheid, tuvo que conformarse con el anonimato.

Nacido en una familia pobre, sus padres a fuerza de trabajar la tierra pudieron pagarle los estudios primarios donde aprendió a leer y a escribir. A los 18 años consiguió trabajo como jardinero en la Universidad del Cabo. Un día fue llamado al laboratorio experimental para sujetar a una jirafa que iban a operar, los médicos quedaron sorprendidos con sus habilidades manuales y le invitaron a formar parte del personal del laboratorio.

Naki inicialmente limpiaba la jaula de los perros y los cerdos, luego aguantaba a los animales, después los anestesiaba; más tarde se hizo cargo de los cuidados postoperatorios y suministros de medicamentos, hasta que terminó operándolos.

Con su trabajo esforzado y de forma autodidacta se convirtió en cirujano, y realizó trasplantes de órganos en mandriles, cerdos, perros, conejos y pollos.

Al cabo de los años ya Naki era un experto en el quirófano, aunque solo conocido por los que compartían labores con él; para la ley era el jardinero.

En el Hospital Groote Schuur se creaban las condiciones para realizar trasplantes cardíacos, su líder Christiaan Barnard solicitó a los directivos incorporar a Naki al selecto equipo. Se le dio permiso, no sin antes aconsejar a Naki que mantuviera su papel en secreto porque él era negro, y las leyes del apartheid le prohibían cortar carne blanca o tratar con sangre blanca.

En la tarde del 2 de diciembre de 1967, Denise Darvall, joven sudafricana, fue atropellada por un auto, recibió un traumatismo craneoencefálico grave y se convirtió en donante de órganos. Al activarse el equipo de trasplantes, Barnard llamó con urgencia al único asistente del que no podría prescindir: Hamilton Naki.

Fue Naki quien realizó la extracción del corazón para entregárselo a Barnard que en otro salón de operaciones preparaba al paciente receptor. Nueve horas duró todo el proceder quirúrgico y el 3 de diciembre la prensa dio la sensacional noticia; por primera vez un corazón humano había latido en dos personas, dentro de la joven que falleció en el accidente y dentro del tórax de Louis Washkansky, paciente diabético, fumador, que estaba a punto de morir por una insuficiencia cardíaca.

Todos los méritos de este primer trasplante cardíaco fueron otorgados a Barnard; si por descuido en alguna fotografía publicitaria Naki aparecía, las autoridades hospitalarias se apresuraban en declarar que se trataba de un jardinero sonriente.

Años después, sin ningún rencor, diría el jardinero cirujano: “Si hubieran publicado mi fotografía, habrían ido a la cárcel. Así eran las cosas en aquel entonces”.

Hamilton Naki nunca reclamó por las injusticias acumuladas durante su vida, era agradable en sus relaciones y siempre regalaba una sonrisa. Se jubiló en 1991, con una baja pensión de jardinero, quizás no conocía que el sistema racial sudafricano estaba próximo a desaparecer.

En 1993 el Parlamento aprobó una Constitución en la que ponía fin a la política segregacionista racial del apartheid, y en 1994 Nelson Mandela se convirtió en el primer presidente negro del país sudafricano.

Creadas las condiciones que permitían reconocer a los negros, Naki recibió dos importantes distinciones: el Doctorado Honorario en Medicina por la Universidad de Ciudad del Cabo y la Orden Nacional de Bronce Mapungubwe.

Falleció el 29 de mayo de 2005, por un infarto cardíaco, tenía 78 años.

En el día de África, y a escasas horas de conmemorar el 15 aniversario de su desaparición física, vale el tributo a este trabajador incansable, víctima del apartheid, que con férrea voluntad pasó de jardinero a eminente cirujano, pionero del trasplante cardíaco.

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