Por estos días es intenso el quehacer productivo en el Polígono Productivo Industrial Barquillo en la ciudad de Santiago de Cuba, no obstante a las medidas sanitarias extremas que se ponen en práctica en el país para combatir la pandemia de la COVID-19. Allí, se conjugan la responsabilidad individual y colectiva a la necesidad de continuar incrementando la producción artesanal de alimentos para la población en estos difíciles momentos.
En las diferentes áreas, se observa el riguroso cumplimiento por los trabajadores de las orientaciones del personal de la Salud Pública, expresa la joven Katia Ayala Rodríguez, técnica de Seguridad y Salud en el Trabajo de la instalación, quien argumenta no se ha detenido la tarea para seguir aportando a la demanda social teniendo como reserva de eficiencia el uso de menos energía provenientes de combustible fósiles y menos harina de trigo.
Ante la situación que actualmente atraviesa el país, manifiesta Uberdanis Villalón Herrera, jefe del Polígono, tenemos el compromiso de duplicar la producción diariamente, de ahí que ante la expectativa de satisfacer las necesidades siempre crecientes del pueblo, no se detiene el empeño de crear iniciativas o rescatar otras que contribuyan a cubrir la demanda social.
Villalón Herrera, destacó que se elaboran galletas de arroz, yuca, cooperadas y cristina, mayonesa, chicharritas, casabe, los turrones de coco y maní, rapaduras, pasta cubana, caramelos, batidos y cristalizados, panqué, mantecado, panecillo, vinagre, vino seco, palitroques, cakes, panqueques, entre otros, además de unos 22 800 barquillos para las instalaciones de Coppelia.
En cada área, se distingue la disciplina, el orden, la limpieza, higiene y la responsabilidad individual que hacen de “Barquillo”, un espacio de Referencia Nacional, donde hace un año quedó bien atrás una fábrica común para dar paso a una iniciativa santiaguera que se pone a prueba en estos difíciles momentos en que sus áreas consolidan más de 80 diferentes renglones, cuyas bases se afirman en una minindustria con tecnología de punta, fábrica de vino y sus derivados, licores, siropes, conservas y pulpas, aguardiente y aliñao.
Las manos de sus 150 trabajadores, en su mayoría mujeres y jóvenes, laboran dos turnos; ellos se mueven hábilmente en sitios como la microindustria, encargada de las cremas, mermeladas, puré de tomate, dulces en almíbar, encurtido de vegetales, frutas deshidratadas y carne en conserva.
De igual manera, la línea procesadora de yuca, otra donde se hace mayonesa, caramelos, refrescos instantáneos, producciones criollas y barquillos artesanales, también marcan la diferencia en este Polígono donde se fabrican además panes de diferentes gramajes y figuras, en estos casos panes con extensores, galletas naturales, saborizadas y de soda, cakes, dulces finos, queques, panqueques y bizcochos.
Mucha importancia y dedicación pone el colectivo al funcionamiento del organopónico el cual provee de ajos, cebollas, pimientos, perejil, cilantro y orégano, entre otras especies, que se utilizan en la propia producción de la instalación santiaguera, que ya aspira extender sus labores a tres turnos para multiplicar la producción. Para ello cuentan con la materia prima necesaria y la disposición, consagración y eficiencia de su personal, que ratifica junto a Uberdanis “…que el pueblo confíe en nosotros ya que vamos a producir más”