Próximo a la clausura el 15 de octubre de la exposición fotográfica El misterio de Cambodya en la Galería la Confronta de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba en la provincia de Santiago, del alemán Matthias Krug, Sierra Maestra conversó con el artista para profundizar en su vida y obra, así como los lazos que lo unen a la cultura cubana y la tradición santiaguera.
En 2018 realizó una exhibición con imágenes acerca del territorio santiaguero. Krug, quien recientemente obtuvo el Primer Premio en un concurso de fotografía de Alemania con instantáneas de la ciudad del Oriente cubano, ha visitado al país durante más de una década en la búsqueda incesante por captar la esencia de su pueblo, sus costumbres y tradiciones.
¿Cómo comenzó su pasión por la fotografía?
Me interesé en el arte de fotografiar desde mi juventud, ya que mi papá siempre tuvo muchas cámaras. Inicié mi carrera de fotógrafo mientras trabajaba como violinista profesional en una de las agrupaciones musicales más famosas de Alemania, la Orquesta Sinfónica de Bamberg.
Frente a esta viajé por todo el mundo durante 40 años. A mí me fascinan las culturas diversas. Me gusta tomar fotos para captar la esencia de las otras personas, el cómo viven y se expresan. Por ejemplo, Camboya es uno de esos pueblos con una gran historia, y hoy son un país muy pobre.
Allá la mitad de la gente es analfabeta. Para desempeñar mi labor prefiero los lugares tranquilos, donde las instantáneas son más naturales. Más allá de una obra arquitectónica, me interesan la gente, sus rostros, hablar con ellas, y saber sus anécdotas, lo que piensan.
También, a los nativos de otros continentes les agrada la idea de compartir sus narrativas con los turistas. He tomado imágenes en la jungla durante dos ocasiones, lo cual fue una aventura. Es como si todo estuviese olvidado, detenido en el tiempo. Conocí a trabajadoras del tejido con manualidades únicas e interesantes.
También retraté a niños pescando todas las tardes y dueños de ganado bañando a sus vacas en el río. Estuve en Japón por 11 veces, que es una nación muy desarrollada. De allí me fascina la diferencia de su tradición antigua, en contraste con el avance que hay en otros sectores.
Es costumbre que los jóvenes se vistan moderno en las calles y cuando se dirigen a sus casas se cambian a ropas tradicionales para visitar a las familias. Esto se debe a que, a diferencia de Europa, valoran como algo muy importante a sus mayores. El hecho de que haya tres generaciones en un mismo hogar es único.
Tuve la oportunidad de enseñar música en el norte de Patagonia por tres meses, lo cual fue una gran experiencia para mí. En ese lugar habitan muchas personas que emigraron de Alemania en el 1900, y conservan más las costumbres de aquel país que en el propio estado.
¿Qué le gusta de Cuba?
Mi ciudad predilecta en Cuba es Santiago, ya que más allá de la capital, capta la esencia del país. Me gusta su atmósfera autóctona, relajada y caribeña. Soy asiduo de largas caminatas en sus calles, siempre buscando lo exclusivo del comportamiento de las personas. He estado por nueve meses, y cuento con excelentes amistades. He viajado aquí en más de 10 ocasiones por un período que supera una década.
Llegué porque tenía clases de Español en mi país natal con una profesora Argentina, y le pregunté por una nación en que pudiese practicar el idioma con un uso internacional, y me recomendó Cuba y Colombia.
Luego estuve trabajando en una agencia fotográfica de viajes de mi país. Ahora estoy tomando en Cuba muchas fotos que vinculen mis dos pasiones: la música y la fotografía. Retraté a músicos en el Festival del Jazz, a la Orquesta Sinfónica de Oriente, y a grupos en La Bodeguita del Medio donde hay un guitarrista ciego que toca fascinante. Me gustaría en un futuro invitar a cantantes alemanes para asistir a eventos aquí.
Siempre busco tener nuevas ideas, de forma que sean retratos únicos, cercanos a la gente, a su vida, sus alegrías, tristezas, costumbres y tradiciones. En estos momentos me siento muy contento con los resultados de mi trabajo, y como meta deseo mejorar en lo que hago, y mostrarle al mundo más de otros países, y culturas.
Como parte de este proyecto pienso exhibir mis instantáneas de la nación cubana en una Escuela de Periodistas en Alemania, en la cual impartiré conferencias acerca de mis experiencias aquí.
La fotografía de Krug es en ocasiones paisajística, ya que revela al entorno natural de un país. En esta se aprecia los juegos del claro-oscuro en las sombras y luces, efectos del filtro y el lente seleccionados para la cámara. De esta forma existe un equilibrio o balance, sin sobre o sub exposiciones.
Las instantáneas evidencian la profundidad, así como el enfoque en el fondo que enmarcan centradas a figuras y contornos de personas sin identidad. Sugiere temáticas como la arquitectura, las prácticas religiosas, rostros de infantes tras columnas antiguas, la longevidad, y la cotidianidad de personajes como un herrero en la acción de forjar el metal.
Se suma un café perdido con juego de sillas y mesas modernas, resaltadas a color, mientras el fondo antiguo contrasta en gris. La precisión para retratar con paciencia y perseverancia los momentos más reveladores, son una muestra del profesionalismo y experiencia de su labor.
A esto se añade la textura de sus retratos al revelar carretes e hilares, resaltando los colores pictóricos. Por otra parte, muestra los rostros inocentes de infantes en una danza típica, con poses dibujadas y contrastes de temperas cálidas; así como Phnom Penh, la capital de Camboya, con sus construcciones revolucionarias francesas.
Por las anteriores razones Matthias Krug muestra a Cuba y al mundo su capacidad para, con la fotografía y la amistad entre naciones, captar mediante su arte la cultura de un país.