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La grandeza de un país y su gobierno por la paz internacional

La grandeza de un país y su gobierno por la paz internacionalLa confusión primaba en la mirada de sus hijos, e incluso de los padres y ancianos. Quizás porque sus destinos, ni siquiera la vida, nunca estuvieron en sus manos. Corea es un país que durante más de siete décadas ha estado dividido por una barrera que va más allá de los límites geográficos a una separación social, cultural, política, económica, ideológica, partidista y familiar.

Cientos de ciudadanos no han podido reencontrarse, al menos no en este mundo. Una misma nación fraccionada en cientos de diferencias conceptuales por los deseos de gobiernos ajenos al desarrollo de su pueblo, sus necesidades, luchas y vicisitudes.

Cuba, desde el propio triunfo revolucionario, heredera de las más elevadas tradiciones patrióticas de su historia, ha sido consecuente en su política internacional con los principios de solidaridad e internacionalismo proletario en oposición al imperialismo, el colonialismo y todas las formas de explotación, así como en pos a la libertad, independencia y derecho de los estados a la autodeterminación.

Es así como el 13 diciembre de 1986 clausuraba en el Palacio de las Convenciones de La Habana, el Encuentro de Partidos de América por la Reunificación Pacífica e Independiente de Corea, convocado por el Partido Comunista de Cuba. Este contó con la presencia de 65 delegaciones de organizaciones regionales e internacionales con el objetivo de consolidar a las dos naciones como una sola. De ahí el slogan: “Corea es una, y debe ser reunificada”.

Desde 1945 existe Corea del Norte o República Popular Democrática de Corea, continuadora de la revolución china que abole la propiedad privada, y del modelo soviético socialista. En contraste está el Sur con un sistema capitalista, tras trascender de la economía nacional al libre mercado. La separación definitiva de ambos tuvo lugar en la capitulación japonesa que finalizó con la Segunda Guerra Mundial.

Una vez acontecido el tratado, los soviéticos consolidaron sus dominios en el Norte, por Manchuria, llegando a controlar las provincias japonesas. Una vez más la voluntad empeñada del injerencista yanqui primó, sin medir las consecuencias nefastas para millones de personas. Estados Unidos temía ante la posible ocupación de la península coreana por las fuerzas de la URSS.

En contrapartida, estimularon la separación a través de la influencia nacionalista bajo la dirección de Syngman Rhee. Así inició la norcorea con el mandato de Kim Il Sung.

La Mayor de las Antillas ha reiterado en más de una ocasión a través de eventos culturales, deportivos, científicos, educativos, históricos y de negociaciones, su disposición para mediar a favor, una vez más, de la unidad de los países, muestra significativa de que, más allá de los caprichos individualistas de un gobierno, está la grandeza de los mandatarios cubanos y la de su pueblo por la paz internacional.

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