Periódico Sierra Maestra

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Es cuestión de sensibilidad…

cuba solidaridad 580x327“Dios lo bendiga y le dé mucha salud”, le dijo aquella muchacha con su niño en brazos a un chofer de Cubataxi que la recogió en algún punto de la ciudad y la dejó en el Hospital Infantil Norte Dr. Juan de la Cruz Martínez Maceira (Ondi).

“No hay de qué. Que se recupere tu niño” –le respondió él.

Seguro, seguro es que ella no sabe su nombre ni siquiera si lo volverá a ver alguna vez, pero sí agradece y difícilmente olvide el gesto de quien la acercó a la instalación hospitalaria.

En tanto, quizás él cuando le paró, ni sabía cuál era el rumbo de la madre con el niño cargado. Sin embargo, hizo una buena acción.

No quiero que esto les parezca un ´teque´, pero necesito desahogarme en estas líneas y confesarles cuánto orgullo siento de los cubanos y cuán impresionada he quedado en estos días al ver la respuesta de los coterráneos.

Más allá de creencias religiosas, de posiciones políticas, de consanguinidad, la gente se ha mostrado humana y muy, pero muy solidaria.

Cierto es que hay quienes han sido indolentes y no se han hecho parte de esta complicidad de buenas acciones, pero esos son los menos. Y es triste, es muy triste, porque ese mismo que voltea el rostro para no hacer una ´botella´ va al hospital y le atiende aquel al que le negó ayuda, o tal vez en alguna ocasión tanto él como su familia ha necesitado una trasfusión y fue justo a quien no montó en su carro, el ser anónimo que extendió su brazo para donar la sangre.

Querido lector, ser sensible y humano debe estar incorporado a nuestro día a día. ¿Cuántas veces en una parada mientras se espera la guagua, alguien hasta le ha brindado su casa, luego de una simple conversación? ¿Y cuántos no han conocido a una persona en un hospital y luego la amistad ha perdurado para siempre? ¿Nunca ha dicho en voz alta que le duele la cabeza y el que está al lado le brinda una pastilla?

La solidaridad se pone a prueba en momentos difíciles. Y no se trata de dar cuando se tiene mucho, sino de compartir cuando se tiene poco o cuando te quedarás sin nada si das lo único que posees; esa es una riqueza y una grandeza mayor.

A veces no son ni siquiera las personas por quienes haces algo las que te lo agradecen, pero la vida te premia. Cuando das lo que tienes desinteresadamente, siempre alguna nueva puerta se te abre, hasta esa que ni siquiera sabías que existe.

En estos días ha habido ocasiones en las que se me ha hecho un nudo en la garganta, de alegría, pues he visto a muchos choferes, incluso de carros particulares, parar sin la señal del brazo extendido, sino por pura conciencia.

Es una bendición poder ayudar a alguien no porque sea rico o pobre, sino sencillamente porque lo necesite. Recuerde siempre que la humildad y la bondad son de los sentimientos más nobles que existen; es cuestión de sensibilidad.

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