Ante la pregunta de cómo colaboran los hombres con la lactancia materna, algunos responden que proveen todos los recursos necesarios para el hogar y en especial para la madre; otros aseguran estar despiertos mientras ella amamanta en las madrugadas -para prevenir que de quedarse dormida, deje caer a la criatura-; y otros explican cómo intentan crear las condiciones óptimas para garantizar la comodidad de ella durante ese momento.
¿Haces las tareas domésticas? ¿Cuidas del bebé para que ella pueda descansar? Esas fueron las siguientes interrogantes y ahí cambiaba la actitud.
“No, eso no, pero mi suegra estuvo en casa durante el primer mes para ayudarla. Yo tenía que trabajar”, dijo alguien.
“Yo no tenía tiempo para eso, pero en las noches le ponía una almohada en la espalda y un banquito para levantar los pies, y que se sintiera cómoda. Le daba un vaso de leche o yogurt para que se alimentara ella también, pero luego seguía durmiendo porque al día siguiente tenía que trabajar”, explicó otro papá.
Lo cierto es que muchos de ellos asumen su rol en la crianza como proveedores, pero sin implicarse demasiado, sin comprometerse con labores hogareñas ni con el cuidado del bebé. Pero en realidad, una paternidad responsable requiere mucho más que estas contribuciones.
Cumpliendo la promesa de dedicar algunas reflexiones a los papás en el contexto de la Semana mundial de la lactancia materna, Sierra Maestra les propone a sus lectores y lectoras algunas ideas sobre cómo ellos pueden favorecer la alimentación de sus pequeños y el bienestar de la esposa durante ese período crucial, en el que amamantar es la mejor manera de cuidar la salud y el desarrollo de los hijos.
Los padres de bebés deben conocer que la leche materna es un alimento supercompleto, con todas las hormonas, proteínas, vitaminas y demás nutrientes imprescindibles para su crecimiento. Además fortalece su sistema inmunológico y los protege contra varias enfermedades. Por eso, es tan importante reducir la carga de trabajo de las madres y el estrés para que tengan más tiempo de dar el pecho, descansar y de auto-cuidarse, que es fundamental para una mejor crianza.
Durante siglos, el manejo de los más chicos ha sido una tarea exclusiva de las madres, pero lo justo, y lo mejor para toda la familia -y especialmente para los hijos- es que los padres se involucren al máximo con la crianza, y compartan responsabilidades y labores asociadas a esta.
Lo único que el progenitor no puede hacer es amamantar, pero puede cargar, arrullar, bañar o cambiar el pañal a su bebé. Puede cocinar, lavar, limpiar, cuidar otros hijos -si los hay- y hacer otras tareas. Esa es una valiosa contribución para asegurar la forma más adecuada de alimentación en los dos primeros años de vida.
Apoyar emocionalmente a la madre ante las dificultades y, sobre todo, accionar para resolver las situaciones que puedan atentar contra la lactancia, es vital. Es bueno que ellos muestren comprensión, respeto y amor a sus compañeras, pues se trata de una etapa difícil en la vida de ellas y tener con quién contar para todo reduce el estrés que genera la maternidad.
Las mujeres somos capaces de asumir solas un rol que la tradición ha etiquetado al sexo femenino: la crianza de los hijos; sin embargo, en la lactancia materna, como en el resto de los cuidados a nuestra descendencia, todo es mucho mejor cuando podemos contar con los papás.