Los otros nietos de mi abuela

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por María de Jesús Chávez Vilorio
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CArtero 22El cartero de mi barrio es parte de la familia. Siempre pasa bajo el sol, y se detiene a saludar a mi abuela en la ventana. Esta le brinda un prú bien frío, él lo acepta. Conversan un rato. Cuando tiene problemas en el trabajo, abuela lo aconseja como a un hijo. Cada vez que lo vemos en la calle nos paramos a conversar.

Nuestro saludo siempre es el mismo: “Dime, mi amigo, que me ha llegado un giro sorpresa”. Él se ríe y niega con la cabeza. El día que la respuesta fue “Sí”, estaba más asombrado que yo. Ha sido partícipe de mi ansiedad cuando espero una carta que no llega; en esos casos, siempre me mira y dice “Nada todavía, pero no te preocupes, muchacha: ya llegará”. Se lee mis trabajos en el periódico y los elogia o critica, en dependencia.

Cuando mando textos a concursos literarios y debo certificar los grandes sobres, está atento a cualquier respuesta. Si se tardan mucho en llegar a su destino, se interesa constantemente. Si estoy mordiéndome las uñas por la preocupación, pregunta cada mañana en el correo si saben algo de un sobre grande amarillo perdido.

Hablamos de lo que sea, desde el transporte hasta los meteoritos que caen del cielo. Advierte con seriedad a mi abuelita de no abrir la puerta a extraños, y más de una vez le ha dicho “Incluso a mí, abuela, atiéndame por la ventana, no me voy a molestar”.

El otro cartero, el de las revistas y periódicos, también se asoma por la ventana. “Corazón”, me dice, “tengo Bohemias para tu mamá y Somos Jóvenes para ti. Están atrasados, pero bueno…”. Es persuasivo este otro cartero. Si no hay dinero o deseos de comprar la revista, comienza a enumerar sus artículos. “Mira, mi niña: hay una receta de cocina riquísima en la penúltima página, y yo sé que a la abuela le gusta el crucigrama. ¡Muchacha, y está difícil cantidad! Además, tiene una curiosidad tecnológica de esas que le gustan a tu tío y uno sobre Historia, que yo sé que a tu mamá le encanta eso…”

Cómo sabe exactamente con qué temas “engatusarnos”, es un misterio. Pero nos conoce muy bien a cada uno. Y, por supuesto, adoptó a mi abuela como suya, como hizo el otro, como hacen todos los que pasan más de una vez por la ventana de mi casa.

Nada, que el cartero de mi barrio es parte de la familia. Si un día lo cambiaran, todo sería demasiado raro.

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