El rumor que nos devolvió a Camilo

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por MARÍA DE JESÚS CHÁVEZ VILORIO
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camilocNo estuve ahí. Me tocó nacer décadas más tarde. Pero Abuela me cuenta la historia con ojos húmedos y me parece que estoy viviéndolo. Estoy pasando ese momento junto a millones de cubanos. Todos se miran incrédulos entre sí. No puede ser. Camilo se ha ido.

La figura de Camilo Cienfuegos siempre me tocó hondo. Era traumática la cruel ironía de sobrevivir a una guerra victorioso, cubierto de laureles, para ir a morir al mar. A la edad en que pude entender, todo aquello me parecía terriblemente mordaz, como una broma feroz. Igualmente era poética la idea de echarle flores cada año, para recordarlo siempre.

Pero Abuela me mira con sus ojos de tiempo y me cuenta algo más, algo que no había escuchado nunca. Hubo un rumor, me dice. Por la calle se regó como pólvora que habían encontrado a Camilo. Era como un fuego avanzando de casa en casa, de comercio en comercio. Camilo no está muerto, Camilo apareció. Abuela estaba en su trabajo y salió a las calles, junto a otros cientos, a compartir la alegría y el abrazo. “Apareció Camilo”, les decían a los desconocidos, y la felicidad se extendía tan rápido como el rumor.

¡Qué fiesta aquella! Y qué desilusión más tarde. Un auto con bocina tuvo que salir a recorrer Santiago, desmintiendo la noticia. El culpable del rumor pudo ser cualquiera. Incluso alguien repleto de buenas intenciones, que amaneció entre un sueño mejor que la dura realidad. La alegría, eso sí, desapareció de golpe. No sé si sucedió en otro sitio además de Santiago, pero no me cuesta creer que en toda Cuba se mantuviera durante días, quizás meses, la esperanza de volver a ver al hombre del pueblo, al amigo sonriente del sombrero alón.

El luto fue doble entonces. Era como si hubiésemos perdido a Camilo dos veces. Y yo, al oír la historia, entiendo por primera vez el dolor que causó su muerte como algo más que un sentimiento abstracto: imagino que lo viví. Porque no estuve ahí: me tocó nacer décadas más tarde. Pero cuando tanta gente recuerda y llora, el héroe vive. Uno no se va mientras haya quien lo recuerde. Y la muerte entonces, no es más que un problema de menor importancia.

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