Pasados 58 años de la primera intervención de Fidel Castro en la sesión plenaria de la Organización de Naciones Unidas, exactamente el mismo día, el 26 de septiembre, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez hizo uso de la palabra en el debate general del 73 Período de Sesiones de la Asamblea General de este órgano, con un discurso que ya es historia.
Por si a alguien le quedaba alguna duda de la posición de la nueva dirección de Cubal, quedó muy claro el mensaje: “El cambio generacional en nuestro gobierno no debe ilusionar a los adversarios de la Revolución. Somos la continuidad, no la ruptura. Cuba ha proseguido dando pasos para perfeccionar su modelo de desarrollo económico y social, con el objetivo de construir una nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible. Ese es el camino que escogimos libremente”.
Este fue un discurso que evocó momentos y figuras importantes de la historia que estuvieron en ese escenario alzando sus voces por los humildes y los desprotegidos que luchan contra un orden internacional injusto; fue un discurso para sentar principios.
Los temas fueron varios, desde la necesidad de continuar reaccionando antes las realidades que nos impone el cambio climático, el imperativo de la cooperación internacional para la promoción y protección de los derechos humanos, hasta el valiente y preciso plantamiento de que no debe dilatarse la reforma del Consejo de Seguridad, para que responda a los tiempos actuales, democratice sus métodos y estilos; pues de esa forma se fortalecerá la Asamblea General como órgano de deliberación, decisión y representación, algo que hace muchos años Fidel también lo planteó.
La necesidad de que se respete la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, la cual hoy se ve constantemente amenazada; el respaldo a Venezuela, a Nicaragua; la denuncia al encarcelamiento con fines políticos de Lula da Silva y con ello impedir al pueblo votar por él, también fueron ideas esenciales de la intervención.
Díaz Canel reiteró también la solidaridad de Cuba con las naciones caribeñas en general, reafirmó nuestro compromiso histórico con la libre determinación y la independencia del pueblo de Puerto Rico; el apoyo al legítimo reclamo de soberanía de Argentina sobre las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgia del Sur, así como a una solución amplia, justa y duradera para el conflicto israelo-palestino; la solidaridad con el pueblo saharaui; a la búsqueda de una solución pacífica y negociada a la situación impuesta a Siria.
Con palabras firmes el presidente cubano reiteró la denuncia al gobierno de Estados Unidos, que se ha dedicado a fabricar artificialmente, con falsos pretextos, escenarios de tensión y hostilidad que a nadie benefician. Al tiempo que argumentó que sigue marcando el co texto de las relaciones entre ambos países el brutal bloqueo al que es sometido el pueblo de Cuba, con el propósito de “estrangular la economía cubana, generar penuria y alterar el orden constitucional”.
Al final de su discurso dijo que “Cuba siempre estará dispuesta a dialogar y a cooperar desde el respeto y el trato entre iguales. Nunca realizaremos concesiones que afecten la soberanía e independencia nacional”.
Y no pudo tener mejor final su oratoria al decir que se despedía “con la esperanza de que las nobles aspiraciones de la mayoría de la Humanidad terminen por realizarse antes de que nuevas generaciones vengan a ocupar este podio reclamando lo mismo que hoy reclamamos nosotros y ayer reclamaron nuestros históricos predecesores”.
Todos tenemos esa esperanza pues la justicia y la verdad algún día, no muy lejado, tienen que abrirse paso por el bien de los pueblos y de la Humanidad toda. Confiemos en que así sea.