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Elegir la vida y volver a empezar

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por ODETTE ELENA RAMOS COLÁS
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suicidioPor estos días de septiembre el mundo dedica una jornada para hacer conciencia sobre la prevención del suicidio; una temática que sigue siendo un desafío universal y en ocasiones, incluso un tabú.

Se entiende por suicidio al acto voluntario, autoinfligido, de amenaza vital, que termina con la muerte, o lo que es lo mismo: al acto de quitarse la propia vida; siendo una de las causas de fallecimiento más preocupante en el mundo, desde épocas remotas y sin distinción de edad, sexo o color de la piel.

Las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestran que cada año se suicidan casi un millón de personas, lo que supone una tasa de mortalidad de 16 por 100 000, o una muerte cada 40 segundos; se estima que es una de las tres primeras causas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos países, y la segunda en el grupo de 10 a 24 años; números que no incluyen los intentos fallidos, que son hasta 20 veces más frecuentes que los consumados.

Y así como afecta a todas las edades, la mayoría de los casos ocurre en varones de más de 60 años, aunque las tasas entre los jóvenes han ido en aumento convirtiéndose en el grupo de mayor riesgo en un tercio de los países. Por eso, el suicidio es considerado uno de los problemas de salud pública a nivel global, desde mediados del siglo XX.

La depresión, los trastornos por consumo de alcohol y otras drogas, y la conducta impulsiva, son importantes factores de riesgo, que inciden en este tema en el que intervienen componentes psicológicos, sociales, biológicos, entre otros.

En Cuba existe un programa para la prevención y la atención de la conducta suicida, iniciado en 1986, que incluye acciones de promoción de salud que conciernen a toda la población aunque tiene actividades específicas para los grupos vulnerables como los adolescentes, los alcohólicos y las personas de la tercera edad.

Según la Revista Habanera de Ciencias Médicas de julio – agosto de 2017, en su versión on-line, en Cuba la conducta suicida en los adolescentes es cada vez más frecuente y entre las causas se reportan la disfunción familiar, la depresión, el consumo de sustancias adictivas, el llamado bullying, y el uso de tecnologías sin supervisión por los adultos.

Otras investigaciones reportan que en los mayores de 60 años, la pérdida de seres queridos, las enfermedades crónicas y las carencias sociales son también factores de riesgo para este tipo de conductas, y se evidencia que en este grupo etario se dan menos señales pero se utilizan métodos más letales.

Es por eso que la familia y la sociedad desempeñan un papel fundamental para solventar las necesidades de los ancianos jubilados y desocupados fundamentalmente, mucho más en nuestro país donde el envejecimiento poblacional es ya un hecho. Entre las maneras para efectuar el suicidio, resaltan en el territorio nacional los ahorcamientos, envenenamientos, quemaduras, caídas de altura, y objetos cortantes, en ese orden.

Lo cierto es que la vida a veces se torna difícil, y muchos no logran divisar las salidas o soluciones a los problemas; pero es preciso sacar fuerzas de nuestro interior, tratar de adaptarnos a las circunstancias y aguantar lo suficiente para no “abandonar el barco antes de tiempo”.

Como seres humanos sensibles sabemos que en cualquier momento de la vida puede volverse a empezar a pesar del dolor o de las dificultades; lo que se necesita es confianza y voluntad para comenzar a transitar hacia un nuevo proyecto de vida, pues los seres humanos por naturaleza tenemos el impulso de luchar por sobrevivir así sea aferrándonos a la mínima alternativa.

Todos podemos ayudar desde nuestro entorno si somos capaces de ver las señales a tiempo. Y es que un suicidio representa la pérdida de un amigo, un compañero, hijo o padre de alguien. Se dice que por cada una de esas muertes autoprovocadas, aproximadamente 135 personas se ven afectadas de alguna manera.

En los últimos tiempos se habla con frecuencia de la “resiliencia”, una palabra que implica la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas, superarlas y seguir proyectando el futuro. La sequía, los fenómenos meteorológicos y atmosféricos, la pérdida de seres queridos, los accidentes… son algunas de estas adversidades.

Pues respecto al suicidio… también hay muchos casos en los que la resiliencia ha ganado ante la desesperanza. ¿De qué forma? Siendo realistas para no fijarse metas imposibles; estableciendo prioridades; procurando estar cerca de otras personas y hablar sobre los propios problemas.

Resulta imprescindible también evitar tomar decisiones de cualquier índole con la “cabeza caliente” ni utilizando el alcohol y las drogas para “desconectarse” del mundo; eliminar los pensamientos negativos, salir, hacer ejercicios, y realizar las actividades que más nos gustan.

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