Escuchar las anécdotas contadas por los protagonistas de la historia, es como poder asomarse al pasado e imaginar un futuro ya concebido.
La presencia en Santiago de Cuba de aquellos jóvenes -ya no tan jóvenes- que el 26 de julio de 1953 decidieron rebelarse para libertar a Cuba, nos hace revivir momentos de gloria, pero también nos remueve el alma por los que en ese intento dejaron de existir.
Como hace más de seis décadas, no dejan morir al Apóstol, confían en que las nuevas generaciones también sabrán como empuñar sus armas -las de su tiempo- para mantener vivo el legado que tanta sangre costó.
“La gloria de ayer fue haber ido al Moncada a conquistar la libertad y a derrocar a la dictadura; la de hoy, es llegar nuevamente a Santiago y disfrutar, en todo su esplendor, de las nuevas victorias, de una ciudad tan bella, con un pueblo que la quiere y la representa”, expresó con voz pausada Agustín Díaz Cartaya.
Este combatiente, autor del Himno del 26 de Julio, ya no cuenta con la misma preparación física de antaño, pero a paso lento va recordando las incansables horas de preparación para la acción combativa liderada por Fidel Castro.
Habló de memorias de esta tierra, donde comenzó su lucha y sufrió junto a otros revolucionarios injustas torturas en la cárcel de Boniato.
“Nada más de poner los pies en Santiago me siento emocionado. ¡Son tantos recuerdos, algunos buenos, otros muy dolorosos!
La determinación de levantarse en armas, hizo que renunciaran a aquellos goces propios de la vida, y de forma especial de la juventud, para consagrarse a la causa libertaria con el mayor desinterés y
desarraigo por las cuestiones materiales.
Ellos no fueron aventureros, estaban listos para acabar con la dictadura que reprimía al pueblo, y para eso contaban con la fuerza de los ideales más justos, y el ímpetu de una juventud reprimida.
Con lágrimas en los ojos, y el pecho lleno de orgullo, recuerdan cada año a los caídos en la mañana de la Santa Ana, esos que patentizaron el ideario del Maestro, impulsados por los principios de un pueblo fiel y decidido a batallar por la independencia.
El 26 de julio de 1953, fue mucho más que una fecha. Ese día más de cien jóvenes organizados asaltaron los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el hospital Saturnino Lora y el Palacio de Justicia.
Aunque el hecho fue una derrota militar, sirvió como motor impulsor de futuras acciones que culminaron con el Triunfo de la Revolución, el Primero de enero de 1959.
A 62 años de aquellos sucesos, el recuerdo de sus protagonistas perdura en las nuevas generaciones, esas que no olvidan que años después, su sacrificio les devolvió la patria liberada.
Raúl Fornés Valenciano, alcalde de la villa santiaguera, se siente heredero de la historia junto a tantos jóvenes de esta tierra, y considera que el Moncada de hoy, lo viven en cada obra nueva que es entregada para el disfrute del pueblo.
“Es un fuerte compromiso con la ciudad, su historia y con la Revolución. El Moncada es el reto mayor para que los santiagueros sigamos luchando por una ciudad más bella cada día, organizada, que cumple cinco siglos pero se muestra alegre y llena de vida.”
Él recibió la noticia de que Santiago de Cuba sería sede del acto central por los 62 años del Moncada, durante las palabras dedicadas al pueblo por el presidente cubano Raúl Castro en el Parque Céspedes.
“Fue un momento importante para los santiagueros, donde los jóvenes demostramos estar en la primera fila, más de seis décadas después, porque continuamos la lucha de los moncadistas y tampoco dejaremos morir el legado de José Martí.”
“Hemos tomado la ciudad hecha por ellos, y nos toca continuar la obra y mejorarla cada día.”
Preservar lo conquistado y disfrutar cada 26 de Julio con alegría y optimismo, es el compromiso mayor que tienen con los héroes de ayer, los jóvenes de hoy.