Temprano en la mañana se iza la bandera y se canta el himno nacional, luego a las aulas, así empiezan el día los maestros en las escuelas de Santiago de Cuba, donde dan mucho sin esperar nada a cambio, solo forjar con sus manos el futuro de la Patria.
Cada año cuando llega esta etapa y se inicia la jornada de homenaje a los trabajadores de Educación, que incluye a los maestros y profesores de todo el país, resulta necesario pensar cuánto se les debe a esos seres imprescindibles para la sociedad.
Todo aquel que es protagonista de la formación de las nuevas generaciones, se caracteriza por su consagración y dedicación al magisterio, humildad, amor y ejemplo para sus alumnos.
Puntuales llegan día tras día a las escuelas, y en la jornada realizan múltiples tareas para que el proceso docente educativo sea cada vez más provechoso y los educandos eleven los conocimientos.
Mención especial a quienes forman a los más pequeños, sobre todo los de preescolar y primer grado, estos últimos con la hermosa misión de enseñar a leer y a escribir, en edades en las que los pequeños son muy intranquilos y el maestro deviene mago para atraer su atención.
Sin duda la escuela seguirá siendo la segunda casa, por la seguridad en el cuidado de los estudiantes, y el gran número de horas que el niño permanece allí mientras se abraza al conocimiento.
La maestra no dejará de ser nunca la segunda madre, siempre en el momento preciso, cuando más su alumno la necesita. Nadie duda que los docentes merezcan respeto y admiración, y lo tienen porque bien se lo han ganado.
Temprano en la mañana se iza la bandera y se canta el himno nacional, luego a las aulas, así empiezan el día para los profes y maestros en las escuelas de Santiago de Cuba, quienes ya reciben el homenaje en medio de una jornada que culmina el 22 de diciembre, cuando todos celebramos El Día del Educador.