Hace pocos días el mundo conmemoró el Día Mundial de la Higiene, una palabra bastante común que encierra en sí un gran significado, siendo mucho más que limpieza y aseo.
Los hábitos de higiene son los que nos permiten vivir con buena salud y mantener una mejor calidad de vida, acciones tan sencillas como lavarse las manos, los dientes y bañarse, resultan fundamentales para prevenir un sinnúmero de enfermedades.
Debe ser considerada parte de la rutina diaria de toda persona. Sin embargo, muchos desconocen los beneficios de una buena limpieza corporal, que nos ayuda tanto con nuestra salud como con nuestra apariencia. Cuando conocemos su importancia somos capaces de tomar las decisiones más adecuadas en cuanto a los métodos para nuestro autocuidado.
Las prácticas varían con cada individuo, dependiendo de los hábitos adquiridos desde la infancia, por eso es imprescindible implementar la higiene como parte indispensable de la vida desde edades tempranas. De esta manera evitamos que en la adultez se pierdan tales costumbres.
Algunos expertos plantean que la higiene personal puede dividirse de acuerdo a la zona o acción que se realiza. Nuestras actividades más comunes son: el afeitado, para eliminar vellos de ciertas zonas del cuerpo; el baño, para higienizar el cuerpo en su totalidad, el cepillado que se orienta a la higiene oral, para prevenir las enfermedades dentales y el mal aliento; además del lavado frecuente de las manos.
Este último es esencial, antes de manipular alimentos, para limpiar heridas, después de ir al baño, y siempre que sea necesario. Dicha costumbre previene infinidad de infecciones y enfermedades que causan los gérmenes que rondan en el ambiente.
La higiene puede ser individual, colectiva y social; extendiéndose desde la limpieza de las manos, los alimentos, la ingestión de agua potable, la pulcritud del sitio de trabajo, del hogar y hasta de la comunidad.
En muchas culturas, la mala higiene se considera ofensiva, por eso los buenos hábitos y costumbres al respecto, mejoran la percepción de los demás hacia uno mismo. Piojos, conjuntivitis, caries, diarrea, influenzas, hepatitis, neumonías, e infecciones de la piel, son algunas de las afecciones que pudiéramos evitar con un buen uso del agua y el jabón.
Depende de cada uno en particular y de todos en general, porque aunque nuestro “pedacito” esté limpio, si el ambiente que nos rodea no lo está, estamos igualmente expuestos a padecer cualquiera de las mencionadas enfermedades y otras más peligrosas como la leptospirosis.
Pero la higiene es también una actitud. Abarca el uso de ropa limpia, cubrirnos la boca cuando tosemos o estornudamos, e incluso comportamientos sensatos como el simple hecho de aislarse cuando se tiene alguna enfermedad o síntoma de esta.
La higiene es limpieza, prevención y cuidado, forma parte de la medicina pero también de la educación más elemental. Existe además la higiene mental, la de la conciencia, la que da tranquilidad e incita a hacer las cosas bien, por nosotros y por los demás. Ya lo dijo Martí: “Ha de ser limpia la casa y la conducta".