Dos generaciones… una misma aula

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por ODETTE ELENA RAMOS COLÁS
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iniciocursostgoComenzó en Santiago de Cuba el nuevo curso escolar y como siempre, llega lleno de sorpresas. Esta vez la vocación del magisterio ha unido a dos miembros de una familia, de generaciones diferentes en una misma aula.

Elizabeth Salazar es una joven graduada hace tres años en la Escuela Pedagógica Pepito Tey, que forma a maestros de la Educación Primaria. Su vida entera ha estado muy ligada a la Ciudad Escolar 26 de Julio, donde prácticamente creció y estudió, y ahora trabaja como profesora de tercer grado en la “Juan Manuel Amejeiras Delgado”, una de las escuelas de este centro.

“Esta vocación de ser maestra viene desde que yo era muy niña: en aquel tiempo mi abuela era directora de una de las escuelas de esta maravillosa Ciudad Escolar, y me traía con ella. A mí me encantaba estar aquí y disfrutaba estar en las aulas imitando a las “seños” y mirando cómo era el proceso. Así fue naciendo en mí el deseo de ser como mi abuela.

“Y crecí queriendo ser maestra. Por eso, al terminar mis estudios secundarios ya le había a la familia el objetivo que quería alcanzar, y creo que lo logré con éxitos, porque cursé mis cuatro años en la “Pepito” y terminé con un Título de Oro. Tuve la suerte de que mis prácticas laborales también las cursé aquí en “el 26”, rodeada de los que antes eran mis maestros y ahora son mis compañeros de trabajo”, comentó Elizabeth.

Como la vida da vueltas, quiso el azar que en este curso la inspiración de Elizabeth, su abuela Dulce María Alemán, coincidiera con ella en la misma aula y en el mismo centro escolar que las uniera desde el principio más que la propia sangre.

Con más de 45 años de trabajo en el sector de la Educación, Dulce María nos contó parte de su historia: “Hace unos años que me jubilé, pero en estos momentos estoy reincorporada como maestra, y cuál no sería mi emoción, mi alegría, al saber que iba a trabajar directamente con Elizabeth a la que yo le he inculcado esta profesión.

“Yo comencé incluso más joven que ella, con 16 años de edad; y realmente el magisterio es mi vida, por eso ante la nostalgia de estar rodeada de niños, libros y conocimiento, me reincorporé al trabajo al que he dedicado mis años y mis esfuerzos. Me siento bien y sin deseos de abandonarlo, mucho menos ahora que estoy contribuyendo más de cerca en la formación de mi nieta para que sea mejor profesional”.

Por su parte, la joven maestra argumentó: “Al tener a mi abuela este curso a mi lado como mi asistente, estoy muy a gusto porque es un apoyo y a la vez un espejo, porque me reflejo en ella y absorbo de su experiencia y de sus años de trabajo. Mi abuela me sirve como una guía para seguir adelante realizando mi carrera con éxitos. Y es un orgullo tenerla”. Abuela y nieta se encuentran unidas por una vocación, una misma escuela, y van a compartir la docencia durante este curso escolar y por muchos más que vendrán.

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