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Siempre FIDEL

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por INDIRA FERRER ALONSO
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fidelcastro12La noticia se esparció como pólvora. Todo el mundo aquí recuerda qué hacía en el momento en que lo supo, quién se lo contó, y la duda sobre la veracidad del aviso, pues no todos escucharon a su hermano decir al mundo que se había ido Fidel…

Y cómo olvidar los días de angustia cuando una urna atravesaba la Isla llevando dentro de sí los vestigios mortales de un hombre hecho país, recorriendo a la inversa la ruta de la gloriosa caravana que lo llevó desde Santiago de Cuba hasta la capital, cuando triunfó la Revolución en enero de 1959.

Su cuerpo se fue en un mar de símbolos: justo a los 90 años, justo el 25 de noviembre –60 años después de que en fecha similar partiera desde Tuxpan a bordo del yate Granma para iniciar la lucha armada en las montañas del oriente de Cuba-; justo cuando celebrábamos sus nueve décadas más por “cumplesueños” que por cumpleaños.  

Sin embargo, aunque la frase suene manida, hay que decir que Fidel no ha muerto en verdad. Saltando la solemnidad de los homenajes póstumos, al pensar en él me vienen a la mente unos versos de Arjona, “uno no está donde el cuerpo sino donde más se extraña”, y aquí se le extraña tanto... yo diría que no está donde sus vestigios sino donde se le quiere y se le admira, donde se veneran sus ideales con realista y profunda convicción revolucionaria, donde la gente dice “yo soy fidelista”, para poner en claro su condición ideológica.

Le decían el caballo, y alguien escribió una vez que montó sobre sí mismo para cambiar la historia cuando reinició en el Moncada la lucha por la liberación nacional. Con esa acción volvía a tomar la senda trazada por Céspedes el 10 de octubre de 1868, y hacía resurgir con su programa de lucha los sueños de soberanía y dignidad nacional, tantas veces frustrados durante la envilecida república mediatizada.

Por sus ideas fue a prisión, y de allí al exilio junto a los sobrevivientes de la masacre que sucedió a las acciones del 26 de julio de 1953. Sabía y así lo hizo entender a sus compañeros, que la democracia burguesa imperante en el país no permitiría jamás los cambios radicales que el pueblo necesitaba, por eso la lucha armada era el único camino… y el primer paso fue la expedición del Granma.

En la Sierra Maestra perfiló sus dotes de estratega militar y político. Y su audacia, su convicción de la posibilidad de ganar, inspiró al Ejército Rebelde, que comenzó siendo un grupo de hombres con siete fusiles y se convirtió en todo un pueblo uniformado después del triunfo de la Revolución.

Fue impulsor de las nacionalizaciones, de las reformas agrarias y urbanas, de la Campaña de alfabetización, de la fundación de todas las organizaciones políticas y de masas que hoy existen en Cuba. Promovió políticas y programas antidiscriminatorios, de educación, económicos, científicos, campañas de salud… en fin, no exagero al decir que esta no sería la misma Cuba sin Fidel.

En fábricas, cañaverales, escuelas, en el surco, en las minas, en Playa Girón, en la Crisis de Octubre,  en los foros internacionales, en los lugares donde los desastres naturales hicieron estragos… en todas partes estuvo el Comandante en Jefe defendiendo a este pueblo.

La desaparición física es solo una circunstancia, un acontecimiento que, pasado el dolor de los primeros meses, pierde impacto por la vigencia indiscutible de su obra y de su pensamiento. El hombre de verdeolivo encarna hoy las palabras de Martí: “… empieza al fin con el morir la vida.”  

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