Una pareja de policías provenientes del cuartel Moncada baja por una calle del populoso vecindario de Sueño, caminan despacio, mientras varios carros patrullan las arterias aledañas, la atmosfera de tensión se percibe en el aire. Protagonista de la historia
Los policías continúan su ronda, buscando como perros de presa algún indicio de almas jóvenes en pie de lucha. Cuando están próximos a llegar a la esquina, los sorprende una hermosa jovencita, que les sale al paso y elegantemente vestida los convida a tomar café en el portal de su casa.
Los esbirros aceptan gustosos y sus miradas se pierden en la belleza de la joven, sin imaginar que en esa misma casa se esconden los futuros guerrilleros en su tránsito hacia la Sierra Maestra y que el café no es solo para endulzarles el día sino para entretenerlos de su acecho.
La audaz jovencita que se interpone en el camino de los policías del régimen es Bertha Aurora Salas López, miembro activo de la Dirección de Propaganda del Movimiento 26 de Julio en Santiago de Cuba, quien en su misma casa escondía a los jóvenes que luego pasarían a la vida guerrillera, y trascendería por ser una de las fundadoras del clandestino Periódico Sierra Maestra.
Bertha nació en El Cristo un 22 de agosto de 1927, hija de un veterano de las guerras de independencia tuvo una formación patriótica ejemplar que la llevó a incorporarse al movimiento 26 de Julio con varios de sus compañeros de estudios en la Escuela Normal para Maestros, donde egresó en 1951.
Con lágrimas en los ojos recuerda la vez que fue detenida por los esbirros de la tiranía en Sagua de Tanamo por organizar una huelga de maestros y afirma: “éramos niños persiguiendo un sueño posible, no reparábamos en conveniencias, ni en peligros, porque nos movía una fuerza mayor, que era el patriotismo desmedido de ver a la Patria honrada”.
Próxima a cumplir los 90 años de vida, esta eterna luchadora que luego del triunfo revolucionario se entregó por completo al magisterio, lo mismo como Asesora técnica de la Campaña de Alfabetización, como Delegada del Ministerio de Educación o en una de las muchas aulas que fueron testigo de sus enseñanzas, expresó a este semanario: “nosotros teníamos escondidos los equipos con los que realizábamos el periódico en la dirección de educación, ubicada al centro de la ciudad, pero tuvimos que sacarlos de allí porque la policía los descubrió…
…yo tenía una hermana que trabajaba de enfermera en el Hospital Ambrosio Grillo y un día que estaba de guardia la llamé y le dije que no regresara a su casa como de costumbre, porque allí yo tenía escondidos los equipos, con los que recibíamos las ordenes de Fidel y hacíamos el periódico Sierra Maestra. Mi hermana nunca más pudo volver a esa casa, ni luego del triunfo revolucionario.”
En ese momento las palabras comienzan a llenar de emoción los gestos de Bertha, mientras recuerda tanto esfuerzo y valentía para lograr un sueño. Hoy vive en la misma casa de la calle C del Reparto Sueño donde se ponía bonita para despistar a los esbirros de la tiranía y allí recuerda rodeada de medallas y reconocimientos que la historia nunca podrá ser olvidada cuando se evoquen a los que como ella la supieron escribir.
Mucho ha llovido desde la época en que los policías hacían rondas en su intento de matar los sueños, un Sierra Maestra clandestino hace 60 años y militante hoy, pero con los objetivos y la fe intactos, informar y seguir construyendo futuro, para que la lucha de Bertha y los suyos no sea olvidada.