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Una abuela que no se va
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- Categoría: Santiago de Cuba
- Escrito por ODETTE ELENA RAMOS COLÁS
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No hace falta que sea diciembre para reconocer el buen trabajo de algún maestro; para decir felicidades, o para dar las gracias por entregar nada menos que la vida a las generaciones que pasan por sus manos.
De tal modo, la “seño” Raquel Vázquez Catalán, la “abuela” de sus alumnos y también de sus compañeros de labor, aunque tiene 75 años de edad continúa ofreciendo sus experiencias y conocimientos en el seminternado de primaria Miguel Ángel Cano Domínguez, de la ciudad de Santiago de Cuba. Ella es la maestra que todos los padres quisieran frente al aula de sus hijos.
Raquel es la primera en llegar a la escuela a pesar de que vive en “El Brujo”, en la carretera del poblado de Siboney, bastante distante de la institución escolar ubicada en el reparto Santa Bárbara de la urbe santiaguera. ¿Cómo hace para lograr esta hazaña?... Ella misma nos cuenta:
“Me levanto a las 3:40 de la mañana, cuelo mi café, desayuno, preparo algunas cositas de la casa y voy para la parada a las 4:45 más tardar, allí cojo la guagua. Es la única forma en que puedo llegar temprano. Es verdad que me agoto mucho por esas madrugadas diarias; porque a veces tengo que darle la vuelta a Siboney y regresar con la guagua por si acaso viene llena y no recoge en mi parada.
“Mi concepto del deber, el sentido de pertenencia que tengo hacia la escuela no me permite ser un mal ejemplo para mis alumnos, y si les exijo puntualidad y asistencia, no puedo ser yo una maestra impuntual ni ausentista. Por eso tengo récord en estos dos indicadores.
“A veces hasta sintiéndome mal, estoy aquí, porque tengo una responsabilidad con mis alumnos; y lo que más me duele es saber que ellos están dando clases y yo no estoy ahí, o pensar que puedan perder el día”.
Por su origen humilde, Raquel Vázquez tuvo que sortear infinidad de dificultades para lograr el sueño de ser maestra, y esforzarse al máximo para demostrar a sus abuelos, profesores, amigos de la familia, vecinos y otras personas que la apoyaron y confiaron en ella, que merecía esta carrera.
Algunos se ofrecieron a comprar los uniformes, a pagar la escuela, otros a comprar los libros… pero lo más importante era el estudio, el interés y la voluntad de aquella muchacha para alcanzar su meta, y poder entrar en la antigua Escuela Normal para Maestros de Oriente.
“Yo necesitaba estudiar para ayudar a mis padres. Y me esforcé, me presenté y aprobé con muy buenos resultados. Logré entrar en la “Normal” y allí estudié los primeros años. Luego, al triunfo de la Revolución en el 59, me incorporé a las milicias juveniles estudiantiles y después a la Milicias Nacionales Revolucionarias, mientras seguía estudiando.
“Llegó entonces la alfabetización, y como era una tarea de primer orden di mi disposición. Me enviaron a Jiguaní, en Granma, y tuve a cinco analfabetos a mi cargo. Pero yo movilicé a todo el mundo: incorporé a trabajar al hombre de la casa donde me ubicaron, remodelé aquel lugar con cortinas, pintura, en fin… Al terminar fui condecorada por mi labor política y social.
“Al llegar a Santiago de Cuba nos dieron dos opciones: pasar un seminario de seis meses o incorporarnos a las aulas en el campo. Enseguida di mi paso al frente y me fui para el campo, en una zona detrás de la Gran Piedra donde estuve unos seis meses. Ahí fue cuando me iniciaron el expediente como maestra el 1ro. de enero del 62, aunque estaba trabajando como alumna.
“Me evaluaban cada 15 días, y a los nueve meses, en septiembre, me llegó mi diploma de Maestra Primaria, por toda esa labor que ya yo había desarrollado. Esos seis meses me los convalidaron en el aula que era donde verdaderamente el maestro daba sus resultados”, comentó la seño Raquel.
Desde entonces hasta el pasado 15 de julio ha estado trabajando. Si bien se jubiló en noviembre del 1997, se reincorporó el mismo mes en el año 2000, al llamado del Comandante en Jefe Fidel Castro ante la necesidad de maestros que tenía el país.
“Yo realmente ansiaba la escuela, la añoraba, pero no sabía que podía reincorporarme. Veía a los niños pasar y los ayudaba en lo que me necesitaran; por eso cuando Fidel dijo que los maestros de experiencia podíamos volver a las aulas… salí corriendo a dar mi disposición. Fue entonces que la directora de esta escuela me llamó para atender un tercer grado”, dijo.
En 52 años ejerciendo el magisterio, Raquel Vázquez nunca ha sido evaluada de Regular, y en su centro goza del respeto y la admiración de quienes le rodean.
Sobre ella, la M.Sc. Nelvis Rodríguez Díaz, directora hace 15 años del seminternado Miguel Ángel Cano, expresó:
“Es una docente que no queremos ni podemos perder, porque lo más importante que ella tiene es la infinita vocación de ser maestra; es una cátedra en su trabajo, tiene dominio de los contenidos, sobre todo de la lengua materna: no hace falta un diccionario cuando uno acude a ella, se le puede preguntar cualquier regla ortográfica pues las conoce con una claridad inigualable, porque esos 75 años no le han afectado ni una neurona.
“Cariñosamente le decimos la vieja, la abuela; pero esa no es su verdadera condición: pudiéramos decir que en el espíritu de trabajo, está joven todavía, muy joven...
“Ella es la que dirige el canto del himno en los matutinos; es la que los días 4 de abril, va a estar vestida de payasa o de cualquier personaje de un cuento, o haciendo una dramatización, o la podemos ver bailando. Además, es muy loable con todo el mundo, muy bien llevada; es nuestra enciclopedia, siempre acudimos a ella para que nos diga alguna estrategia, una salida a cualquier problema personal o laboral, porque inspira confianza y es ejemplo.
“Nunca la he visto mal vestida en 17 años de reincorporada, siempre está con vestidos de guayabera, blusas mangas largas, el típico collar que usaban las maestras en combinación con los aretes, su cabeza bien arreglada… Lo otro es que entrega muy buenos alumnos en cuanto a contenido, asesora a las personas jóvenes y tiene muy buenos resultados de trabajo.
“Ahora se nos quiere retirar una vez más, pero eso es porque uno siempre termina agotado los cursos escolares. Y estamos seguros que cuando se acerque septiembre otra vez, la tendremos aquí con la misma fuerza de siempre, porque sabemos que sin la escuela, sin los niños, Raquel no se siente bien”.
Esta joven abuela, es poseedora de siete medallas entre las que resaltan la Orden Mariana Grajales, Distinción Cubana, Rafael María de Mendive y Maestro Ejemplar; además de múltiples diplomas y reconocimientos por su labor docente y con los pioneros.
“Me duele sinceramente dejar esta carrera, porque es mi vida. A mí me pagan para que yo enseñe, para crear niños y jóvenes preparados; y quisiera seguir porque me da dolor dejar a esos alumnos que ya yo inicié. Es que me siento mal en mi casa sabiendo que hay niños que necesitan mi experiencia. La escuela es mi vida, es mi hogar”, dijo emocionada Raquel.

