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Los días de Porfirio
- Detalles
- Categoría: Santiago de Cuba
- Escrito por INDIRA FERRER ALONSO
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Sentado sobre un taburete, que a decir de sus descendientes tiene casi tantos años como él, disfrutaba el sonido de las fichas de dominó y la conversación que a la sazón del juego, traía a sus gastados oídos las bromas, la risa y las historias de sus hijos…
Así lo encontré en su casa el día que cumplió 100 años. Era, claro está, el más viejo de los presentes, pero tuve que preguntar para asegurarme de que se trataba del cumpleañero centenario, pues Porfirio Alba Acosta tiene tan buen aspecto que pareciera menor.
Vive en la comunidad de Altos de Chicharrones, en la ciudad de Santiago de Cuba, pero nació en La Fama, Dos Caminos en 1917.
Le tocó crecer en la época en que estudiar era un lujo que los campesinos pobres no podían sufragar, aprendió los secretos del trabajo agrícola y el oficio de carretero. Así sustentó una familia de siete hijos y ayudó a criar a algunos nietos. Incluso después de jubilarse, continuó trabajando la tierra.
Ya su mente no es la misma, ahora parece vivir más en el pasado, y sus ojos pícaros que apenas ven se muestran a ratos alegres, como si en el horizonte de sus recuerdos encontrara alguna “travesura” de la juventud, allá en su natal San Luis.
Se pone alegre si le hablan de alguna antigua novia, o de Cándida, la guajirita que “se robó” a los 17 años y que lo acompañara por casi seis décadas. La misma con la que compartió alegrías y muy profundas tristezas, la enamorada cómplice que luego de 50 años de unión, le ayudó a preparar en secreto aquella anhelada boda que no pudieron tener cuando eran adolescentes.
Porfirio es uno de esos santiagueros cuya longevidad y buen estado de salud sorprenden; no todos los días alguien cumple 100 años. Aunque hay días en que parece estar perdido en sus recuerdos y olvida nombres y rostros, dice que su mayor riqueza es la familia. Y es que este centenario ha podido ver crecer no solo a sus hijos, sino a 26 nietos, 46 bisnietos y 6 tataranietos; una “tropa” a la que lega el testimonio de una vida entera dedicada al trabajo y un profundo apego al orden, a la disciplina y al respeto por los demás.

