Hubo una lágrima mientras conversábamos; mucha emoción al comentar su orgullo por una profesión tan noble y compleja. También fuimos interrumpidas varias veces por la inquietud y la curiosidad de los infantes que la rodeaban: “Seño, ¿quién es ella?”; “Seño, le voy a decir a mi mamá que compre el periódico”; “Échale, seño, va a ser famosa”; y así, entre un “seño para esto y seño para lo otro”, fue que pudimos hablar.
“Y me hice maestro, que es hacerme creador”. José Martí
“Para mí es una satisfacción muy grande ser maestra. En primer lugar, porque es una responsabilidad ante la sociedad, ya que somos los encargados de inculcar en los niños ese legado, para la continuidad de nuestras conquistas socialistas; de formar en ellos los valores más elementales para que puedan ser hombres de bien en la sociedad.
“Somos los encargados de contribuir conjuntamente con la familia a una educación formal adecuada dentro y fuera de los marcos de la escuela. Es una profesión que requiere de mucho sacrificio; a veces abandonamos un poco nuestra familia y nuestros hijos para encargarnos de otras familias y otros hijos, que son los alumnos y los padres de esos alumnos”.
Así lo expresó la máster en Ciencias de la Educación Yaima Rivera Petitón, maestra de sexto grado del área de humanidades con 13 años de experiencia, que se desempeña además como guía base de la escuela Abel Santamaría Cuadrado, perteneciente a la Ciudad Escolar 26 de Julio; pero para sus estudiantes es sencillamente la “seño” Yaima.
“Es un orgullo muy grande ser maestra de esta institución. Y aunque escogí una profesión que no es muy retribuida económicamente, sí es muy agradecida; cuando llegas a un hospital, a otra escuela, a una farmacia, a una peluquería, es gratificante ver que te extiendan la mano, te digan “venga maestra”, y te atiendan de un modo especial”, comentó.
“Hablar de educación en nuestro país sería un tema muy extenso. Baste simplemente recordar que partimos casi de cero.” Fidel Castro
Un 30% de analfabetos, un 60% de semianalfabetos, y alrededor de 29 000 maestros de los que casi la mitad estaban desempleados, eran las cifras que mostraba Cuba al triunfo de la Revolución. Por eso fue necesaria la Campaña de Alfabetización, impulsada para incrementar el porcentaje de la población escolarizada.
El 22 de diciembre de 1961 el país se declaró como “Territorio Libre de Analfabetismo”, luego de lograr movilizar masivamente a la población cubana en función de alcanzar la meta trazada con velocidad, intensidad y calidad.
Por estos días, en que se conmemora el 55 aniversario de aquella proeza, y se celebra la Jornada del Educador, es necesario definir los desafíos que tienen por delante los maestros que se encuentran frente a las aulas, los alfabetizadores de hoy.
“Retos hay muchos, por ejemplo el desarrollo de las nuevas tecnologías, la informatización de los contenidos…. y el maestro principalmente tiene que ponerse a la altura de las nuevas situaciones.
“Por otro lado, tenemos que hacer cumplir el legado del Comandante en Jefe con los niños. Hablarles mucho de Fidel, porque en su mayoría ellos no tuvieron la oportunidad, como la tuvo mi generación de conocer, de vivir a Fidel”, y añadió la educadora:
“Y entonces es un reto muy grande para la educación, inculcar las ideas, esa modestia, esa sencillez que había en la personalidad del Comandante; y nos toca a los maestros conjuntamente con la familia y la sociedad, no dejar que Fidel muera, seguir su legado con el concepto de Revolución, y hacer de esta una sociedad cada vez más solidaria más justa y más comprometida con sus conquistas”.
“Y como la técnica es pesada y poco gustosa, no se debe ser, ni en el campo ni en la ciudad, ni en la escuela fija ni en la escuela a caballo, maestro de técnica, sino de práctica.” José Martí
Pero… ¿Cómo impregnar ese concepto tan grande de Revolución en niños tan pequeños?
“Primeramente explicándoles paso a paso cada una de las ideas que lleva implícito; que ellos desde su posición de pioneros sean capaces de interpretar, y de comparar qué pasaba antes de la Revolución con lo que pasó después.
“Y hacerles entender que no es decirlo y aprendérselo por repetir una consigna, sino interiorizar lo que dice Fidel con esas palabras, cómo desde ese concepto Cuba ha cumplido con el internacionalismo, con la defensa de los valores; cómo nuestro país, nuestros dirigentes son capaces ante cualquier desastre natural, de ser los primeros en estar en el lugar, apoyar al pueblo, y darle fuerzas tanto emocionales como materiales.
“La Revolución Cubana es privilegiada en ese sentido, gracias a Fidel. Ellos tienen que ser capaces de ver que ese concepto es la guía para llevar adelante y continuar con nuestro socialismo, y para ser incluso, mejores personas”, argumentó la seño.
Al hablar de sus alumnos, no puede evitar sonreírse, “por lo tremendos que son”, dice.
“Los estudiantes con los que yo trabajo son como todos los niños cubanos: inquietos, majaderos, responsables eso sí, estudiosos, muy comprometidos con el momento histórico que les ha tocado vivir al igual que la familia.
“Es muy importante cuando hay unidad entre la escuela y la familia, hay mucho apoyo para con los estudiantes. Y son mis hijos también, doy clases en dos grupos, tengo 32 en un aula, 25 en la otra, más los tres hijos propios, así que son 57 en total”.
“El educador no debe sentirse nunca satisfecho con sus conocimientos. Debe ser un autodidacta que perfeccione permanentemente su método de estudio, de indagación, de investigación.” Fidel Castro
Refiriéndose a los profesores más jóvenes, y a los que se están formando, la Yaima Rivera comentó:
“Es necesario estudiar mucho, a un maestro no puede faltarle estudio, sacrificio y consagración, eso también nos lo enseñó Fidel; porque el maestro es el guía de la sociedad. Sobre nuestros hombros pesa la continuidad del socialismo, pesa la educación de cada uno de los individuos que vamos a llevar hacia la sociedad.
“Por eso el educador nunca debe dejar de estudiar. Son muchos los contenidos, no tanto en asignaturas como tal, sino en la vida práctica porque la sociedad cambia constantemente y cada vez más rápido. El maestro es psicólogo, es médico, es estomatólogo, es terapeuta, es de todo y entonces no podemos cansarnos de estudiar”.
Ante la pregunta inevitable de cuál sería el mejor regalo que podría recibir Yaima en esta jornada, la “seño” afirmó:
“Pienso que el mejor regalo para mí, y creo que para cualquier maestro, son los resultados en la calidad del aprendizaje, que el objetivo de nuestra labor se cumpla y los alumnos aprendan, crezcan como seres humanos y se forjen como hombres y mujeres de bien”.
A Yaima Rivera, a los alfabetizadores, a los maestros normalistas, a quienes entregan su vida cada día en las aulas para forjar el futuro de esta nación, a mis “profes” de ayer, de hoy y de siempre, llegue este homenaje desde el periódico Sierra Maestra, en las palabras de Martí:
“Un buen maestro es el que educa bien al par que instruye, quien posee el ‘secreto’ de una disciplina dulce y sin castigos, el que es mentor y compañero a un tiempo. Ser buen maestro es un modo de hacer patria y esta es de fijo la mayor grandeza [...]; a sus discípulos [...] nos queda algo más que el recuerdo de sus buenas enseñanzas y de sus muchos triunfos: a nosotros nos queda algo mejor y más grande: su ejemplo”.