Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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Sabías qué

Santiago2Una de las avenidas más largas de la ciudad de Santiago de Cuba es la actual “Jesús Menéndez”, que se extiende por varios kilómetros, por ejemplo de sur a norte, desde Las Cruces, a las puertas de los repartos de Altamira y Luis Dagnesse, y va a entroncar con el Paseo Martí.

Casa de Fidel 580x386Ya está abierto al público lo que todo el pueblo, especialmente el santiaguero, conoce como La Casita de Fidel, en la calle Rabí número 6, exactamente frente al Museo de la Lucha Clandestina, en la cima de la Loma del Intendente, un entorno histórico por completo en el corazón del barrio Tivolí.

Una acuciosa reparación a puesto a punto el inmueble, que viene a hacer las funciones ahora de Museo atendido por el colectivo del cercano Museo consagrado al combate en la ciudad contra la tiranía de Fulgencio Batista.

A “La Casita…” llegó Fidel Castro Ruz con 6 años, procedente de Birán, para estudiar en Santiago de Cuba, y aun las penurias que vivió allí, que el mismo Comandante en Jefe relató, el inmueble guarda el encanto de haber acogido al Líder Histórico de la Revolución en su más tierna edad.

Muebles de la época en que allí estuvo Fidel completan el interior de la casa desde donde el muchachito de Birán vio el mar de la bahía de Santiago de Cuba y las montañas de la Sierra Maestra.

Fotos de Fidel en la ciudad santiaguera en diferentes épocas; de su paso por los colegios La Salle y Dolores,  y algunas de su niñez en Birán se muestran en “La Casita…”  abierta al público de lunes a sábado, de las 09:00 horas a las 16:45 horas, y además en la etapa de verano como la actual, los domingos, de 09:00 horas a las 13:00 horas.

De manera que a la escalinata de Padre Pico y al Museo de la Lucha Clandestina, entre los escenarios principales del Levantamiento Armado de esta ciudad el 30 de Noviembre de 1956 en apoyo al desembarco del Yate Granma por la costa sur de la antigua provincia de Oriente, ahora se suma La Casita de Fidel para completar un entorno sumamente histórico y de gran belleza y visualidad naturales.

calzoncilloscortosUna verdadera explosión de la moda ocurrió en Santiago de Cuba, cuando fenecía el año 1908, y es que el 31 de diciembre de ese año, los hombres comenzaron a usar calzoncillos cortos, es decir, hasta las rodillas.

Para ese momento, los calzoncillos llegaban hasta los tobillos, lo que suponía ponerse un pantalón debajo de otro pantalón.

Y debe imaginar el lector, cuánta molestia sentiría el sector masculino  al tener que usar esa prenda íntima tan larga y calurosa, en una ciudad como Santiago de Cuba, regularmente convertida en “fogón” por las temperaturas altas.

La entrada en escena del calzoncillo corto casi a inicios del siglo XX constituyó todo un acontecimiento de la moda y un respiro para los hombres, pues la nueva pieza era mucho más fresca, “funcional” y agradable.

calzoncilllosModa tan revolucionaria aterrizó o desembarcó en Cuba de la mano de los comerciantes norteamericanos de una entidad: The VVD Company, de Nueva York.

Inmediatamente, los cubanos jóvenes que abrazaron la nueva moda,  le pusieron nombre al calzoncillo: VIBIDÍ, pues en las etiquetas aparecía Made for the B.V.D. best retail trade (Hecho para el B.V.D. mejor comercio minorista) ”.

Lo cierto es que aquello fue locura a inicios de siglo XX. Décadas después llegaron los aquí llamados “calzoncillos atléticos” y los iniciadores de 1908 cayeron supuestamente en desuso,  aunque muchísimos hombres continuaron prefiriendo la prenda antigua por su comodidad, que “no apretaba” ninguna parte del cuerpo.  

Seguramente, fue la picardía femenina cubana la que al querer tildar de anticuados a los hombres que siguieron al estilo vibidí, entonces calificaron  como MATAPASIONES al calzoncillo “con piernas” diferente del “atlético”.

Consultas masculinas aseguran que el supuesto “matapasiones” es más cómodo pues no aprieta, fresco, evita el roce de las piernas a la altura del escroto, y en verdad “no da muerte” a ninguna pasión pues una cosa no tiene que ver con la otra.    

calzoncilloslargos

paseo de la alameda santiago de cuba malecc3b3nA su belleza y trazado excepcionales, la bahía de Santiago de Cuba suma otros argumentos, para que los habitantes de la localidad y cualquier visitante conozcan mejor por qué este accidente geográfico es tan famoso y a la vez tan pintoresco.

El primer Historiador de la Ciudad de Santiago de Cuba, según nombramiento del Ayuntamiento, fue Raúl Rómulo Liborio Ibarra Albuerne (1901-1966).

A Raúl Rómulo se deben crónicas exquisitas, además, sobre el nombre de las calles santiagueras, que Mayla Acedo Bravo trabajó en una edición anotada, con prólogo, compilación y notas de ella, que publicó Ediciones Caserón, de la Uneac, en 2017.

En ese libro, “Nuestras calles”, hay para recrearse, especialmente  por la forma tan amena con la que Ibarra va describiendo detalles que atrapan al lector, desde el principio.

Y es el caso, por citar uno, la referencia que el autor hace de la tan llevada y traída historia del callejón Salsipuedes, con un aspecto adicional que aún llama la atención de ciertos transeúntes conocedores: un error.

En 1939 el Ayuntamiento, quizás porque a alguien no le gustaba el nombre tan peculiar de ese tramo de calle, lo cambió y le puso General Higinio Marrero, lo que constituyó un doble error: primero, porque aún hoy en 2020, la gente le sigue llamando Salsipuedes, y segundo, porque no hay ningún general de la Independencia con ese nombre sino Remigio Marrero y Álvarez, a quien Ibarra califica por los méritos que ganó el patriota, como un bravo soldado de la lucha contra el colonialismo español.

En verdad no conocemos si el disparate ha sido cambiado por el nombre correcto. Al menos hasta no hace tanto seguía allí. Ibarra añade en su crónica, que Marrero y Álvarez nació en Holguín el 1 de octubre de 1826 y murió allí 90 años después, en agosto de 1916.

Lo mejor, sin embargo, lo reservó el Primer Historiador de Santiago de Cuba para abordar el tan conocido nombre del callejón,  que con enorme popularidad dura hasta nuestros días.

Agrega el autor,  que en la era colonial quisieron ponerle San Miguel, y nada; que la vía comienza en Calvario, “a mediados de la cuadra entre Habana y Maceo, se extiende hasta tres cuartas partes de la manzana y luego, casi a mediados de su extensión, hace una escuadra y desemboca en Maceo. Antes no llegaba hasta Maceo, porque había una cuartería que cerraba la calle, y, naturalmente, el que entraba en el callejón tenía que regresar a la calle Calvario, y era un verdadero entra y sale, que le valió su nombre popular y gracioso”. En fin, cosas de este Santiago de Cuba que a cinco siglos y cinco años de ser villa (1515) y luego ciudad  (1522) sigue asombrando a santiagueros y visitantes.     

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