
NI MÁS NI MENOS
El eterno dilema en los hogares, a la hora de la cocción de los alimentos, siempre es el mismo: la sal. Hay quien perfectamente puede comer sin sal… sin ninguna sal: huevos fritos, sin sal; ensaladas, sin sal; pan con aceite, sin sal; arroz y potajes… se olvidó la sal, no importa.
Otros, a su vez, se van a los extremos y repuntan de sal los alimentos que entonces casi nadie más puede comer. Hasta hay quien pone sal en los plátanos maduros fritos.
Y si malo es comer “subido” de sal, también lo es prescindir de esta al extremo de no utilizarla o de que la comida quede sosa.
El remedio es sencillo: al día el cuerpo humano resuelve con cinco gramos de sal. Busque una balanza, pese esa cantidad, y se asombrará de lo que Ud. habitualmente le echa de sal a la comida… o deja de echarle.