En sus primeros seis meses, el gobierno de Biden se ha movido para deshacer gran parte del daño causado por el unilateralismo de “Estados Unidos primero” de su predecesor, realineando las políticas estadounidenses más estrechamente con las de sus aliados occidentales y reanudando algunos de los enfoques del expresidente Obama sobre cuestiones internacionales. Pero queda un país donde el enfoque de la administración parece congelado en gelatina: Cuba.
El clamor popular de ¡Fuera Bolsonaro! se escucha desde las gargantas de cientos de miles de brasileños, en las calles de ciudades y pueblos, para pedir la dimisión del gobernante ultraderechista, involucrado en escándalos de corrupción, responsables de un pésimo manejo de la pandemia de la COVID-19, que ya ha costado a su país la muerte de 520 000 personas y, últimamente, fue denunciado por un diputado oficialista sobre irregularidades en una supuesta compra de vacunas por las cuales el país pagaría 320 millones de dólares a una empresa que no aparecía en el contrato.
Una fuerte explosión tuvo lugar cerca de las 3:10 (hora local) de este lunes en la fábrica química Ming Dih Chemical Co, cerca de la capital tailandesa, Bangkok.


