Quito, 3 jun (PL) La líder indígena guatemalteca y Premio Nobel de la Paz en 1992, Rigoberta Menchú, visitará hoy la Amazonía ecuatoriana para constatar in situ el daño ambiental provocado por la petrolera estadounidense Chevron.
Menchú tiene previsto recorrer el otrora campo petrolero Aguarico 4, en la provincia de Sucumbíos, donde entre los años 60 y 90 del siglo pasado operó Texaco, meter la mano en una las piscinas llenas de brea y residuos de crudo que abandonó la filial de la poderosa transnacional, y luego ofrecer allí una rueda de prensa.
La víspera, el presidente Rafael Correa agradeció el apoyo que la dirigente indígena ofrece a Ecuador con su visita a una de las zonas contaminadas por la petrolera Chevron en la Amazonía ecuatoriana.
Es por supuesto una gran ayuda, mientras más gente, sobre todo de la trayectoria, el prestigio y la solvencia moral de Rigoberta Menchú puedan denunciar al mundo lo que hizo esta empresa corrupta y corruptora en nuestro país, mejor, dijo el mandatario durante una rueda de prensa en la ciudad portuaria de Guayaquil.
De acuerdo con Correa, el que tenga alguna duda sobre la contaminación que provocó Chevron en la región amazónica ecuatoriana sólo tiene que viajar a Ecuador, y visitar uno de los campos donde operó su filial Texaco, y meter la mano en una de las piscinas llenas de residuos de crudo.
Para denunciar al mundo la contaminación provocada por la petrolea, el gobierno ecuatoriano lanzó en septiembre de 2013 la campaña La mano sucia de Chevron, que incluye visitas de personalidades y artistas al pozo de Aguarico 4.
En el lugar ya estuvieron los actores estadounidenses Danny Glover y Mia Farrow, políticos como el líder de la izquierda francesa Jean-Luc Melenchon, y una nieta del oceanólogo francés Jacques Cousteau, entre otros.
Es inocultable lo que hizo Chevron, por centenas de millones que tengan para tratar de destrozar la verdad, y al país, reiteró ayer Correa, en alusión a la demanda que presentó la petrolera contra el Estado ecuatoriano ante una corte de arbitraje internacional por presunta denegación de justicia en un juicio entablado y ganado por los afectados en 2011.
Según el veredicto de la corte de Lago Agrio, la compañía debe pagar nueve mil 500 millones de dólares por concepto de indemnización a los 30 mil pobladores amazónicos afectados por Texaco.
La petrolera, que según Correa cometió un crimen deliberado al utilizar tecnología obsoleta prohibida en Estados Unidos, se niega a acatar el fallo de la justicia ecuatoriana y alega que el veredicto se obtuvo de forma fraudulenta.
Datos divulgados por el gobierno ecuatoriano aseguran que durante los casi 30 años que operó en el país suramericano, Texaco derramó 16,8 millones de galones de petróleo en el ecosistema amazónico, vertió otros 18,5 mil millones de galones de aguas tóxicas en los suelos y ríos, y quemó al aire 235 mil millones de pies cúbicos de gas.
Correa argumenta que el desastre ambiental es mucho más grave que los provocados por el tanquero Exxon Valdez frente a las costas de Alaska en 1989, o la explosión del pozo de la British Petroleum en el golfo de México en 2010.