México, 11 sep (PL) Tras 12 años de trabajo concluyeron las labores de restauración de las pinturas rupestres de Oxtotitlán, en la Montaña Baja del estado mexicano de Guerrero, aseguraron especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
El conjunto pictórico se halla en el interior de una cueva caliza en la comunidad de Acatlán, en el municipio de Chilapa de Álvarez.
Esta restauración se inició en 2003, según comunicado del INAH, y permite apreciar los 10 paneles de pintura rupestre localizados en el interior de esa cavidad con dos grutas de 20 metros de longitud.
Allí "grupos de filiación olmeca plasmaron hace dos mil 500 años un discurso iconográfico vinculado a ritos de fertilidad y petición de lluvia", apunta el texto.
Durante estas labores trabajaron de manera conjunta el INAH, las autoridades estatal y municipal y la comunidad, para salvaguardar un sitio rupestre, expresó la restauradora Sandra Cruz.
La cueva está integrada por dos grutas, cada una con cuatro paneles o paredes de pintura rupestre y un frente rocoso central donde se encuentran dos dibujos, uno de los cuales representa al personaje principal y tiene una altura de 10 metros.
En la gruta norte aparecen jaguares y otras figuras antropomorfas y fitomorfas, mientras en la sur hay cuatro paneles de pinturas con diseños de formato menor, de 10 centímetros a medio metro, de color rojo y estilo abstracto.
Mientras, el grupo central está integrado por dos paneles; el principal tiene un personaje de cuatro metros de altura y diversos colores.
Es una figura antropomorfa sentada sobre un trono que representa al monstruo de la tierra, con un tocado en forma de ave, cuyas fauces simbolizarían la entrada a la cueva.
A partir de una evaluación, se identificaron los dibujos que estaban detrás de una serie de capas blancas, negras, microorganismos y grafiti, se saneó el sitio y los especialistas intervinieron las pinturas.
Acatlán y otras poblaciones cercanas siguen representando los rituales de peleas de tigres o jaguares en la cueva, en una ceremonia de petición de lluvias, sobre todo en mayo durante las fiestas de la Santa Cruz.