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Moscú y el forastero curioso: El Kremlin y la catedral de San Basilio

rusia plaza roja

Moscú, 12 jun (PL) Embrujados por la gigante y grandilocuente historia de esta capital, el forastero curioso tiene que, sí o sí, visitar la Plaza Roja para volar sobre las murallas del Kremlin y rendirse ante los encantos enigmáticos de la catedral de San Basilio.

Conectada a la perfección por las vías del metro, la céntrica plaza abraza por estos días a cientos de miles de fans del fútbol, que aún se encuentran en los márgenes de la Copa del Mundo de Rusia-2018, prevista del 14 de junio al 15 de julio.

En claro desafío a la pertinaz llovizna y -a ratos bajas temperaturas- partimos hacia el corazón de Moscú. Cero justificaciones. El Kremlin y su gran Palacio, desde 1991 la residencia oficial del presidente del país, aguardaban pacientes e inmóviles; la catedral de San Basilio tampoco perdía sus colores.

Y entonces ocurrió lo inesperado: la Plaza Roja estaba cerrada. Nadie podía ir más allá de las barreras puestas por los agentes del orden público. Se prepara hoy un gran acto, la celebración del día de Rusia; el 12 de junio se conmemora la Declaración de la Soberanía de la Federación.

En medio de la desilusión perenne por no poder profundizar en las entrañas del lugar, nos conformamos entonces con ver de lejos las enormes murallas rojas, el reloj de la Torre Spásskaia, en cuya cima, apuntando al cielo, está la gran estrella.

Mientras, como quien no quiere las cosas, mirábamos de reojo la fastuosa catedral y sus famosos contornos en forma de bulbo, Patrimonio de la Humanidad desde 1990, aunque, dicho sea de paso, no es ni la sede del Patriarca Ortodoxo de Moscú ni el principal templo de Rusia como muchos piensan.

Construida en los tiempos del zar Iván el Terrible, la catedral de San Basilio deslumbra al forastero curioso por su estructura singular y sus colores diversos, su diseño y arquitectura sin par, por haber sobrevivido milagrosamente a una presunta demolición ordenada por Iósif Stalin.

Frente a la iglesia, impávido, se erige el monumento de bronce en honor a Kuzmá Minin y Dimitri Pozharsky, quienes -cuenta la historia- reunieron voluntarios para el ejército que luchó contra los invasores polacos durante el 'Período Tumultuoso', allá por 1598.

El viaje no fue en vano. Todavía tuvimos tiempo para presenciar la solemnidad de la Tumba del Soldado Desconocido, situada en otro costado de las murallas del Kremlin y esculpida en honor a aquellos hombres que ofrendaron sus vidas por la defensa de la Patria en la II Guerra Mundial.

Apremiados por la cobertura periodística de la Copa del Mundo, decidimos decirle hasta luego al lugar, convencidos que algún día cercano volveremos para adentrarnos aún más en sus faldas y conocer cada detalle de historia y tradición, de magia moscovita.

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