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Maceo es nuestro

14 June 2022 Escrito por 

¿Qué fuerza sobrenatural conducía a aquel vendaval humano?, con más de 600 acciones combativas, y superior a 20 las ocasiones en que sufrió heridas de guerra. Aún no es suficiente cuando se habla de Llanada de Juan Mulato y San Ulpiano, respuestas contundentes al Pacto del Zanjón, una paz sin independencia o abolición de la esclavitud.

Antonio de la Caridad Maceo Grajales, ese es su nombre, por felicidad santiaguero. Fraterno con los amigos de sus coterráneos, de buen sentido del humor, según anécdotas de personas cercanas, y masón por convicción. Nacido de una familia numerosa, unida por la libertad de Cuba dentro y fuera del hogar.

Caminar por Santiago, es revivir los senderos donde tantos héroes y mártires transitaron en el pasado. Hablamos del Titán de Bronce -quien se ganó este epíteto con la superioridad de su cuerpo y espíritu-, de una infancia en el cuartón rural de Guaninicún de Lleonart, o desde el partido de San Nicolás de Morón, y el barrio de Santo Tomás.

Luego en Majaguabo. Desde joven se preparó con estudios, forjados con la dedicación de sus padres, a la vez que asume responsabilidades en la venta de cosechas al territorio, provenientes de las tierras de sus progenitores.Su apellido está grabado desde los primeros días de la contienda iniciada en 1868, cuando se incorporan a los campos de batalla.

Junto al valor que defendía en cada uno de los enfrentamientos, con disciplina, determinación, destreza militar, humildad, y patriotismo, la mejor representación del sentimiento de cubanía. No es de extrañar su ascenso vertiginoso en grados militares, por los resultados alcanzados, codo a codo con sus hermanos y toda su estirpe, quienes se sacrificaron por su país.

Es imposible escribir esta historia desligada a la de su maestro y amigo, el Mayor General Máximo Gómez en quien, sin importar el paso del tiempo, siempre depositó la confianza, así como la rectitud ante su máxima dirección. Victorioso en la invasión y posterior campaña a Guantánamo, y al estudiar su vida y pensamiento, nace la interrogante: ¿cómo no vislumbrar a ese héroe de mil llagas a fuerza de machete?

A aquel que rescató a su José Maceo, a la figura popular, que es acogida por todo y todos, en quien la sencillez lo llevó a asumir como segundo Jefe de la División Cuba, cediendo la primera a Calixto García. Sus tropas estaban dispuestas a dar la vida por él, ya que eran el reflejo de una ejemplaridad en el sacrificio, acompañada de una hoja de servicios impecables.

Sufrió la discriminación de su raza en la época, el regionalismo -aún dentro de una noble causa-, pero no por eso cejó sus fuerzas ni la voluntad de vencer, de oponerse a intentos de sedición, a los amotinados y, finalmente, como cúspide de su pensamiento, alzarse en Mangos de Baraguá. Quien reviva los pasajes históricos de la gravedad de las heridas, no concibe cómo tuvo salud para seguir, sin perecer de ánimos o el aliento.

Hace estancia en República Dominicana y no desea perderse un solo minuto de su Isla. Le siguen varios intentos frustrados de conspiraciones tras la Guerra Chiquita, y durante el Reposo Turbulento. En Honduras también asume tareas del ejército de esa Nación. Su pensamiento antianexionista quedó fijado en la expresión de luchar junto a los españoles solo en el caso de que el nombre de Cuba se tuviese que escribir al lado de Estados Unidos.

En Costa Rica trabaja desde las tareas en la tierra que conoce con destreza, allí sobrevive a un atentado durante su estancia en un espectáculo teatral. Anécdota que es el vívido contraste de su persona: para hilvanar ideas con la misma gracia con la que empuña el arma filosa, con la que cultiva el conocimiento general y la sabiduría militar.

Imaginar a los medios internacionales del período haciéndose eco de su llegada para participar en la guerra del 95ʼ o Necesaria, es calcular la trascendencia de su personalidad, que aún en la neocolonia era motivo de tributos.

A sus 50 años, caminar a pie 186 kilómetros en pocos días, es comparable a una hazaña de titular de prensa, que para él sólo llevaba la estampa del deber. Cortas se quedan las descripciones de sus logros durante la invasión a Occidente, las narrativas de la tea incendiaria, la burla a los españoles durante el cruce de las trochas, por tierra o mar.

Hoy, al cumplirse el aniversario 177 del natalicio de Antonio Maceo, los cubanos rememoramos las palabras del Líder Histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz: “Maceo es nuestro, su gloria y su memoria continuaremos honrándola de mil formas diferentes; su gloria y su memoria continuaremos honrándola en el trabajo, en las luchas, en el cumplimiento de nuestros deberes internacionalistas y fundamentalmente con nuestro patriotismo(…)”.

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MsC Milagros Alonso Pérez

Licenciada en Periodismo, Maestrante en Estudios de Lengua y Discursos. Graduada de los posgrados de Gestión, Redacción y Publicación de Artículos Científicos en Ciencias Sociales y Humanísticas y de Gestión de Redes Sociales. Profesora Instructora de la Universidad de Oriente. Periodista del Sierra Maestra.

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