Fuerza y ternura perpetuadas en una imagen

Categoría: Aniversario 500
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Mariana GrajalesCorría el 12 de julio de 1815 cuando en la iglesia de Santo Tomás, Don José Antonio Dias LLovet, Cura Rector por su Majestad del Sagrario, puso óleo crisma a la hija legítima de José Grajales y Teresa Cuello, quien llevó por nombre, Mariana.

Creció, como mujer robusta, más bien de baja estatura, nerviosa, de movimientos ligeros. Quienes la conocieron cuentan que ninguna mambisa era más ágil para subir lomas ni más solícita para curar un enfermo, y siempre ocupaba la primera fila.

Prodigaba cuidados y cariños a cuanto combatiente herido recibía en los improvisados hospitales de campaña, y según testimonios de los combatientes, ¡cómo suplía aquella santa mujer el puesto de una madre ausente!, mientras animaba a sus hijas y a María Cabrales, la esposa de Antonio, a ocupar el lugar que la distancia impedía fuera ocupado por una hermana.

Fue “… una de las mujeres que más me han movido el corazón…”, refirió José Martí, quien describió con profundo cariño sus “manos de niña para acariciar a quien le hable de la Patria...”.

Escultores santiagueros también han perpetuado con sus obras el legado de la Madre de la Patria, y con sus manos acarician el rostro de la valerosa mujer, ofreciendo a sus hijos de siempre, un recuerdo imperecedero de la eterna patriota.

Así se hace manifiesto en los bustos hechos por Alberto Lescay. El primero de ellos emplazado en el Hospital Materno que lleva su nombre, donde la matrona ilumina con su espíritu a todas las mujeres que guardan en su regazo a una criatura recién llegada a la vida.

Dicen que Mariana se mostraba tierna y bondadosa con sus hijos, pero a la vez, inflexible en la disciplina. Reglamentaba las horas exactas de las comidas y el sueño, y ningún miembro de la familia podía estar fuera de la casa pasadas las diez de la noche. Su vivienda siempre estaba ordenada y limpia, y en el aspecto personal, vestía, y vestía a su prole, con la mayor pulcritud.

También encontramos un busto de Mariana en la Delegación Provincial del MININT, donde los oficiales del territorio rinden tributo ante su estirpe heroica, dignos guardianes de la Patria que ella no vio libre. Allí se muestra, con una actitud firme como cuando en la manigua les hizo jurar a todos ¡Libertar a la Patria o morir por ella!

Igualmente en la Avenida Ramos Latourt y el Paseo Martí se erige su figura desde mayo de 1947, coincidiendo con el Día de las Madres de ese año, fruto de la obra escultórica de la artista santiaguera Teresa Sagaró Ponce.

Y finalmente, como homenaje de su ciudad natal, la bóveda donde descansan sus restos para la eternidad desde el 23 de abril de 1923, en el Cementerio Monumental Santa Ifigenia.

“Con su pañuelo de anciana a la cabeza, con los ojos de madre amorosa para el cubano desconocido, con fuego inextinguible, en la mirada y en el rostro todo, cuando se hablaba de las glorias de ayer y las esperanzas de hoy…”, así la reconoció el Apóstol, así la recuerdan todos los cubanos, y así, con celo perpetuo, la llevan en sus corazones los santiagueros.

mariana grajales tumba

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