Una de las patrañas más inverosímiles de la dictadura batistiana a raíz del asalto al Cuartel Moncada, fue tratar de hacer creer a la opinión pública que esa acción había pasado inadvertida para el pueblo. Era parte de su empeño para callar verdades y tergiversarlas.
¿Cuántas veces le habré visto por las calles de la ciudad? Desandarla, con su figura largirucha, con su misterio. Las esquinas están hechas al paso de sus sandalias. Las paredes han de guardar el eco de sus palabras.
La convivencia y paternidad de más 70 géneros musicales de gran trascendencia internacional convierten a Cuba en la Isla de la Música. En la nación se acunaron el bolero, la trova, el son, el mambo y la rumba, además de legendarios intérpretes como Compay Segundo, Miguel Matamoros, Juan Formell, Chucho Valdés, Silvio Rodríguez, Celia Cruz, Beny Moré y César Portillo de la Luz, por mencionar unos pocos de una interminable lista de estrellas.
Antes de la llegada de los colonizadores españoles, hace más de 500 años, en Cuba ya existía la música, el baile y las fiestas en las comunidades primitivas. No obstante, los ritmos que en el país se gestaron, caracterizados por una variedad inigualable, son fruto de un intenso proceso de transculturación, donde las raíces africanas, indias y españolas se fundieron para crear una cultura única, la cubana, que permeó con su riqueza todo el quehacer artístico, entre ellos la música.

