Beris es uno de los que nunca faltan, y cuando se necesita de sus esfuerzos para doblar turnos, siempre está dispuesto a dar el extra.
Como todos, también tiene una familia que lo espera en casa. Sin embargo, con él hay que contar.
Cuentan que el 17 de agosto de 1870, cuando un pelotón español lo trasladaba para fusilarlo, Pedro (Perucho) Figueredo, susurró los versos del himno de combate que alguna vez, antes las aclamaciones de una multitud, apuntara sobre el lomo de su caballo, en el legendario Bayamo.
No extraña que unos minutos antes de recibir una carga de plomos, Perucho entonara la lírica que inspiró a todo un pueblo, que acompañó a los mambises en los campos de batalla y que hasta hoy, es una melodía que late en el corazón de todo cubano que entiende que morir por la Patria es vivir.
Si existe algo que hace eterna parte de la historia que se ha vivido y se vive es un libro. Bien lo sabemos. Pero un buen libro puede hacer lo que algunos llaman muy mal, un arte o un trabajo efímero como la radio. Aún cuando sea breve por la trasmisión la radio no llega a ser efímera, si lo que se dice se le mete a uno en el corazón, llega a ser inolvidable, la radio puede ser de toda una vida. De eso saben bien hombres y mujeres que una vez comenzaron a escribir, copiar, manejar el sonido y desafiar los micrófonos. Comenzaron por un día y volvieron al día siguiente, y sin darse cuenta regresaron un tercer día, y un cuarto y pasó una semana, y luego un mes y un año, y varios años y jamás han sido traicionados por su compañía.
Entonces si uno no ha vivido la historia pasada, si uno no ha estado rodeado de hombres y mujeres que creyeron en lo efímero y eterno de la radio, lo mejor es acercarse a un libro, un libro que por supuesto tuvo que realizar un autor del medio.

