Abundan obras que les cantan a Santiago de Cuba, poemas que la enaltecen y referencias de su rico acervo histórico-cultural, que constituyen un patrimonio perteneciente por extensión a la nación entera.
Pero lo que más conmueve y privilegia a la ciudad y su gente, son las palabras de cariño que le dedican sus hijos legítimos y personas de diversas latitudes, nacidas del respeto de quienes no viven en ella pero la aprecian por su proverbial hospitalidad.
Ese sentimiento solidario que distingue a sus habitantes brotó de la necesidad de servir, de ser útil a los demás; no es una imposición ni una carga, es un don manifiesto que cada santiaguero lleva con orgullo descubierto.
Es obra de sus ancestros cimentada por los padres, abuelos y bisabuelos de la generación que anda hoy por sus calles y heredada sin presunción ni vanidad por los más jóvenes.
La expresan los médicos y médicas, profesores y otros profesionales que cumplen misiones de colaboración en otros países del mundo, entregando amor sin otra recompensa que el deber cumplido, e irradiando fuera de las fronteras esa hospitalidad peculiar de Santiago de Cuba.
Como la niña de los ojos se cuida esa virtud, que tiene mucho de tradición y puede traducirse en ese buchito de café que el vecino te brinda a plena mañana o al atardecer, o el consejo que te piden sobre la hija o el nieto que tuvo algún problema, con la confianza de que estás analizando un asunto en una verdadera familia.
Un ser jaranero y jovial, de espíritu emprendedor, alegre hasta en tiempos de adversidad y necesidades materiales, con el chiste a flor de piel para hacer de la vida un acontecimiento placentero y feliz, colaborador sin otra cosa a cambio que no sea la felicidad de servir: así es el santiaguero de pura cepa.
Tal estampa no estaría completa sin destacar el buen corazón que tiene en medio del pecho, su nobleza y altruismo, indicativo de la disposición a dar siempre a cambio del bienestar de sus congéneres, dejando huellas de amor y alegría por todas partes.
Así recibe el medio mileno de la villa, fundada en 1515 por el Adelantado Diego Velázquez; así promete seguir engrandeciendo una ciudad que se renueva por minuto.