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Pedalista de corazón

Categoría: Especiales
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Ricardo Hilario Saro González equipoRicardo Hilario Saro González es un hombre sencillo, inquieto y enamorado del ciclismo desde los 12 años. Sus orígenes humildes no le impidieron soñar y luego de mucho pedalear se convirtió en uno de los ciclistas más sobresalientes de la antigua provincia de Oriente, en la década de 1960 e inicios de los 70’.

Su presencia en eventos internacionales representando a la Mayor de las Antillas también fue sobresaliente. Sin embargo, no puede esconder el orgullo de haber formado parte de la denominada Delegación de la Dignidad, que participó en los X Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en la capital puertorriqueña en 1966.

Ante la invitación de rememorar sus episodios más sobresalientes como atleta, Saro González dialogó con Sierra Maestra.

Ricardo Hilario Saro González-¿De dónde viene Saro González?

-Nací el 21 de octubre de 1945, oriundo de la populosa zona de Trocha y Carretera del Morro. Vengo de una familia extremadamente humilde, imagínate que mi casa costaba cinco pesos y era de cartón, zinc y tablas. En aquel entonces, mi papá era gastronómico y mi mamá ama de casa. Solo te puedo decir que la supervivencia en la casa era muy difícil.

-¿Cómo fueron sus primeros acercamientos con el ciclismo?

-Un hermano mío que trabajaba en una panadería le sugirió a mi madre que yo lo ayudara a repartir pan a domicilio por toda la ciudad de Santiago de Cuba. Acepté porque tenía que ayudar a mi familia, y desde entonces todos los días debía estar a las seis de la mañana en la zona de Altamira, a veces yo mismo me ponía la meta de llegar antes de tiempo, y en muchas ocasiones lo conseguía. Tenía entonces 12 años.

-¿Cómo obtuvo su primera bicicleta?

-Me la compró mi papá y era la que usaba para repartir el pan a domicilio. Fue un sacrificio muy grande porque valía 70 pesos, además de que era una bicicleta muy pesada, imagínate de los años 50’, pero para mí era un tesoro.

-¿Qué sucedió luego del triunfo revolucionario de 1959?

-Cuando triunfa la Revolución, el ciclismo era un deporte muy poco conocido, por lo que el Comisionado Nacional designa al habanero Hermes Dandeit para que desarrollara ese deporte en la antigua provincia de Oriente. Él vino con seis bicicletas de fabricación alemana, pero como eran tan pocas convocó a una gran maratón donde podía participar todo aquel que tuviera una bicicleta, y yo gané esa competencia a nivel municipal.

Luego hicieron una clasificatoria mucho más amplia, donde se escogieron a los cuatro primeros con bicicletas especiales y a los dos primeros con bicicletas de paseo. En mi caso, que era prácticamente un niño, obtuve el segundo lugar en bicicleta de paseo.

-¿Qué recuerdos conserva de las Vueltas Ciclísticas a Cuba?

-Gratos recuerdos, porque además tuve la suerte de participar en la primera edición que se realizó en 1964, iniciándose en Santiago de Cuba. En esa primera Vuelta a Cuba, se realizaron 12 etapas con presencia de 72 atletas cubanos, pues fue a partir de la cuarta vuelta ciclística, donde hubo participación extranjera.

Antes de estar en la primera Vuelta a Cuba, los seis pedalistas orientales que participamos en el evento provincial, fuimos seleccionados para participar en la Segunda Vuelta a la Habana Socialista en el año 1961, donde tuve buenos resultados y sobe todo, me sirvió de antesala para próximos eventos.

En una de las etapas de la primera Vuelta a Cuba, llegué a estar entre los primeros ocho ciclistas, pero tuve la mala suerte de que el camino estaba un poco azaroso, me caí y en definitiva no pude recortar la distancia, por lo que terminé en el puesto 20.

-¿En cuántas Vueltas Ciclísticas a Cuba participó?

-Participé en siete, entre los años 1964-1970, pero creo que fui un atleta de poca suerte, porque cada vez que estaba entre los atletas del pelotón de delantera, siempre me ocurría un accidente que me sacaba de competencia, o de al menos obtener un buen lugar.

-Su primera experiencia internacional coincidió con los X Juegos Centroamericanos y del Caribe, ¿qué significado encierra haber formado parte de la denominada Delegación de la Dignidad?

-Nuestra preparación fue muy difícil porque no teníamos pista, y entrenábamos desde las cuatro de la mañana en el Malecón de La Habana. En ese proceso de entrenamiento, se realizaban competencias entre los aspirantes a estar en el equipo que representaría a Cuba en dicha competencia, y de cinco pruebas yo gané cuatro.

En definitiva, formo parte de la cuarteta cubana en la modalidad de 4 kilómetros persecución por equipos, donde compartí con grandes ciclistas.

Durante la competencia, Sergio “Pipián” Martínez, se echa el equipo encima, pero el tercer hombre era el que marcaba el tiempo, y ese hombre fui yo. En la sesión de la mañana clasificamos cuartos, y por la tarde fuimos a la final, donde se queda el cuarto hombre, por lo que solo quedamos en carrera “Pipián”, Inocente Lizano y yo.

Al final ganó México, seguido por Venezuela y Cuba, a la vez que el equipo local se quedaba fuera del podio de premiaciones.

-¿Fue un metal bronceado con sabor a oro?

-Después de una travesía tan difícil, las provocaciones y amenazas de las que fuimos blanco, ese bronce para nosotros tenía color dorado. Imagínate, que fue la primera medalla obtenida por el ciclismo revolucionario.

-¿También participó en la prueba de ruta?

-Sí. Durante el evento, me meto por una loma, cojo una curva y me caigo haciéndome una herida considerable en una de mis rodillas. En ese momento, pasó un médico y me dice que me iba a llevar a una Base Militar Norteamericana para curarme. Inmediatamente, le contesté que me llevara para la Villa Olímpica, pues prefería desangrarme antes de entrar en ese lugar. Pensé en la Revolución, en el Comandante, en mis compañeros y en mi padre. Puse en primer lugar la dignidad de mi país, ante mi bienestar personal.

-¿En qué otras competencias internacionales participó?

-Tuve la oportunidad de participar en la Carrera de la Paz, realizada en Polonia, Alemania y Checoslovaquia, en el año 1966; mientras que dos años después, estuve en la Vuelta de la Juventud Mexicana.

En 1969, formé parte de la Vuelta a Cuba de la Solidaridad, donde el equipo Cuba se agenció el primer lugar. Recuerdo que en esa competencia todos trabajamos para “Pipián” que estaba de líder de la carrera, pero en uno de los tramos él se poncha, enseguida le di mi bicicleta, y al final nos llevamos la medalla de oro.

-¿Situaciones personales lo alejaron de las pistas y las carreteras?

-En 1969, nace mi hijo y eso me llevó a que me apartara del ciclismo por casi dos años. Al cabo de ese tiempo, me llamaron nuevamente al equipo nacional, pero ya no era el mismo. De hecho, no fui convocado a los Panamericanos de Cali, 1971, donde Cuba gana en la modalidad por equipos.

-¿En qué actividades se desempeña luego de su retiro como atleta?

-Decido irme para la EIDE “Capitán Orestes Acosta”, y voy a los Juegos Escolares de 1972 con el equipo 15-16 años, donde obtuve oro, plata y bronce, además de récord nacional y el atleta más destacado que fue el guantanamero Jorge Hernández.

En 1974, me retiro definitivamente del ciclismo activo. Luego de eso, me desempeñé como entrenador en las áreas del CVD Antonio Maceo, Punta Gorda y el Distrito José Martí.

Es esa época también incursioné en el moto cross y llegué a estar entre los seis mejores del país.

Termino la Licenciatura en Cultura Física en 1987, y tuve la dicha como entrenador de ser campeón provincial pioneril en la modalidad individual y por equipos, además de subir a tres atletas para la EIDE provincial.

En el 2002, me retiro finalmente como profesor de recreación en el área de Versalles. Actualmente estoy acogido a la jubilación, pero todavía me siento con fuerzas, y más que nada sigo siendo un pedalista de corazón.

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