Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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Una sobreviviente anglosajona en Cuba

ljiljana ljubisic atletismo discapacitados santiago de cubaLjiljana Ljubisic vive en un mundo de sombras desde la infancia, cuando los médicos del país donde creció, Canadá, realizaron un diagnóstico incorrecto de una enfermedad que entonces parecía transitoria.

Su condición de ciega total no le impidió soñar. Luego de una dura batalla interna y contra el ostracismo social, “Lilo”, como la llaman sus allegados, se convirtió en una de las atletas discapacitadas más talentosas y reconocidas a nivel mundial, con hazañas que incluyen la participación en cuatro Juegos Paralímpicos, 19 medallas en eventos internacionales y récords mundiales en el lanzamiento del disco y la bala, especialidades en las que ha incursionado desde 1986.

Además de sus episodios como atleta, “Lilo” ha sido parte de los Comités Olímpico y Paralímpico Internacionales, tribunas desde donde ha alzado la voz en favor de los deportistas con necesidades especiales.

Nombrada en 2007 por el entonces Presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch como la mejor atleta discapacitada del año, actualmente se encuentra en una base de entrenamiento en Cuba, pues su pasión por la actividad del músculo es ilimitada.

En el marco del Campeonato Nacional de Atletismo para Discapacitados celebrado recientemente en Santiago de Cuba, la estelar atleta canadiense aceptó establecer el diálogo con Sierra Maestra.

-¿Cómo influyeron tus orígenes serbios en la pasión por el deporte?

-Nací en la antigua Yugoslavia, en el territorio de la actual Serbia, el 17 de diciembre de 1970. Mis padres emigraron para Canadá, específicamente a la ciudad de Vancouver, donde fui educada desde los ocho años.

Mi padre Milenko Ljubisic, fue campeón mundial y medallista olímpico con la selección de baloncesto de Yugoslavia, y mi madre Blashenka, fue parte del equipo nacional de remo. Siempre quise hacer deportes, porque estaba en mis genes, y la primera vez que escuché una transmisión de Olimpiadas, supe que ese sería mi camino.

-¿Cuál fue la causa de su ceguera?

-Yo nací con la vista normal, pero en mi infancia tuve una varicela que fue diagnosticada como gripe, y él médico prescribió antibióticos con base de sulfa que son fortísimos. Como resultado sufrí los efectos de una reacción alérgica a la medicación que causó el crecimiento de pelo debajo de mis párpados, que me produjo una condición que se llama Síndrome de Steven Johnson. El pelo rascaba mis córneas cada vez que yo pestañeaba, las lágrimas siempre estaban corriendo debajo mis mejillas, lo que causaba una irritación muy dolorosa que hirió mis ojos.

Entre 1988 y 1990, tuve cinco trasplantes corneales y nueve operaciones, hasta que me quedé ciega gradualmente.

-¿Cómo fue su primer acercamiento con el deporte?

-Fue a los 19 años, perdí mucho tiempo de preparación porque en aquella época había muy pocas posibilidades para los discapacitados que queríamos desarrollarnos. Fue una casualidad que yo me acercara al deporte de manera seria, pues cuando estaba en la Universidad estudiando Psicología, un amigo me motivó para que me integrara a la práctica deportiva, pero yo dudaba porque estaba muy enfocada en mis estudios.

Recuerdo que ese fin de semana hubo un festival deportivo y desde entonces quedé enamorada del deporte, primeramente, del goal ball, que es un juego de equipos para atletas con discapacidad visual.

-¿Cómo describiría esos primeros momentos?

-Fue algo muy difícil, porque no había entrenadores que querían trabajar con personas discapacitadas, pues lo consideraban una pérdida de tiempo. El movimiento paralímpico era muy limitado; ni siquiera existían los Juegos Paralímpicos, se llamaban entonces Juegos Internacionales para Personas con Discapacidad.

Ese evento fue mi primera competencia a nivel mundial en el año 1984 en Nueva York, donde formé parte del equipo de goal ball, que alcanzó la medalla de plata en la categoría B-2. Esos Juegos los recuerdo de una manera emotiva, pero a la vez fue muy duro, porque ese año fueron las Olimpiadas en la ciudad de Los Ángeles, pero los organizadores rechazaron la idea de hacer el evento para los discapacitados, entonces fue que decidimos realizarlos en Nueva York.

-¿Cómo resumiría sus experiencias iniciales en eventos paralímpicos y campeonatos mundiales?

-Tengo 19 medallas internacionales entre Juegos Paralímpicos y Campeonatos Mundiales, e incluso en 1985 como parte del equipo femenino de goal ball de Canadá conquistamos el Campeonato Mundial.

En 1988 se celebraron los primeros Juegos Paralímpicos, en la ciudad surcoreana de Seúl, donde obtuve medalla de bronce en lanzamiento de la bala. Aunque todavía era parte del equipo de goal ball, ya incursionaba en el disco y la bala, pues en el Campeonato Mundial celebrado en Suiza en 1986, ya había alcanzado una medalla de bronce en dichos lanzamientos. En 1990, en el Mundial de Holanda, gané por primera vez en dichas especialidades, y al año siguiente volví a repetir esa actuación.

-Los Juegos Paralímpicos de Barcelona 92’ tuvieron un matiz diferente, ¿por qué?

-Los juegos tenían un ambiente totalmente místico. Gracias al apoyo de Juan Antonio Samaranch, quien fuera Presidente del Comité Olímpico Internacional, los atletas paralímpicos fuimos tratados de una manera especial, y no como antes que no teníamos ningún tipo de atención.

El día que yo gané la medalla de oro en lanzamiento del disco en la categoría B-1, había 75 mil personas animándonos. Ese día entré en la pista y rompí el récord del mundo y el paralímpico cinco veces, con un lanzamiento final de 32.98 metros. Además, tuve la oportunidad de obtener un segundo lugar en la bala. Fue algo maravilloso, dos medallas paralímpicas y el reconocimiento del público.

-Luego vendrían retos superiores, ¿cómo los enfrentó?

-En el año 1994 era el Campeonato Mundial en Berlín. Tuve grandes retos porque me accidenté en un automóvil, y además los organizadores de los eventos llegaron al acuerdo de que no habría más competencias de disco y bala para la categoría B-1 (ciega total), a la que yo pertenecía desde al año 90’. Tomaron mi récord como referencia, y no había atletas de calidad que lo hicieran, por lo que tuve que competir con atletas de la categoría B-2, que veían más que yo, además de que eran muy competitivas.

Ese año con gran esfuerzo, pude ganar nuevamente en disco con una marca de 35.88 metros, pues mi entrenadora me estaba enseñando algunos elementos para mejorar mis movimientos a la hora de lanzar. Pero lo más hermoso fue que con ese título mundial fui campeona de dos categorías porque era una atleta B-1 que competía con las B-2, y fui recordista en las dos categorías. En esa misma competencia, también obtuve el metal plateado en el lanzamiento de la bala y rompí el récord de los B-1.

Entre los años 94’ y 96’, tuve cuatro accidentes automovilísticos, pero a pesar de eso fui a los Paralímpicos de Atlanta, por primera vez hice el giro completo a la hora de lanzar y obtuve dos medallas de bronce en disco y bala.

-En el año 1997 casi pierdes la vida en otro accidente de tránsito, ¿cómo fue el proceso de recuperación?

-Otra barrera, pero enfrenté lo que sucedía en mi vida. Mi hombro derecho se dislocó completamente y me mantuve tres años en rehabilitación y sin competir, con excepción del Mundial del año 98’, en el que competí a pesar de las adversidades.

En el 2000, termino la rehabilitación y ese propio año competí en Sydney, pero cinco minutos antes de la competencia una árbitro chocó conmigo y me causó un golpe muy fuerte, lo que me impidió tener un buen resultado. Estaba lista para seguir superándome, pero fue tan fuerte el golpe físico y psicológico, que, en el Mundial de Francia en el 2002, estando preparada para competir no lo hice.

-¿Qué les agradeces a tus entrenadores?

-Hasta el año 1993 estuve con Tim Finley, quien fue mi primer entrenador en las primeras competencias a nivel internacional, pero me limitaba mucho en los entrenamientos.

Luego pasé con una entrenadora argentina que se llama Norma Suárez, que fue atleta olímpica en disco y bala. Me enseñó muchísimo, hizo un trabajo psicológico muy fuerte conmigo, y gracias a ella hoy puedo decir que fui la primera atleta ciega total en el mundo, que hacía los lanzamientos con giro, algo impensable en aquella época.

-Muchas personas consideran las limitaciones físicas como barreras que impiden lograr objetivos específicos en cualquier esfera de la vida, ¿comparte usted esa afirmación?

-No. Aunque es cierto que tengo una condición física, eso no me impide soñar. Imagina que a las barreras reales que tenemos que enfrentar, debamos sumar las barreras mentales que todavía tienen algunas personas, que creen que somos incapaces de hacer cualquier actividad.

-¿Cuáles han sido los principales obstáculos que ha enfrentado -para convertirse en una atleta exitosa?

-Como soy ciega, todo era doblemente difícil al principio. El apoyo financiero era sumamente escaso porque los atletas paralímpicos no eran respetados como los convencionales. Pero nosotros siempre tenemos que superar esos obstáculos, además de esforzarnos por ser cada día mejores.

-¿Cuánto les debe Ljiljana Ljubisic a los entrenadores cubanos?

-Cuando en el año 2002, mi entrenadora decide retirarse, ella se acercó al entrenador de la campeona paralímpica cubana Liudys Massó, para pedirle que me entrenara porque sabía de la calidad y el talento de los deportistas cubanos. Él decidió trabajar conmigo, y en el 2003 en el Mundial obtengo otra vez el primer lugar. De hecho, fui la primera atleta extranjera aceptada por Cuba Deportes, estoy muy agradecida por ese privilegio y siento que les debo muchísimo a los entrenadores cubanos, y en especial a Liudys, a quien considero una hermana.  

-Se ha convertido en una atleta admirada alrededor del mundo, ¿cuáles son sus próximos retos?

-Cuando en el 2007, Juan Antonio Samaranch me otorgó el reconocimiento como la mejor atleta discapacitada del año, supe que tendría grandes retos. En esa época fui miembro ejecutivo del Comité Paralímpico Internacional (CPI), y además fui la única discapacitada miembro del COI.

Actualmente soy conferencista mundial. Mi misión es inspirar a las personas y siento que les agrego motivación a sus vidas. Además, quisiera volver a representar a Canadá en una próxima competencia internacional, ya sea en un Mundial o en unos Juegos Paralímpicos, y para eso estoy aquí en Cuba.

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