Fiel, guapo y martiano, así era Almeida; un ser humano sensible y bohemio de cuya pluma salieron más de 300 canciones y una docena de libros, dejando claro ante la Historia que la sensibilidad creativa y la lucha de balas y combate por una causa justa, en este país, distan mucho de ser ideas y concreciones divorciadas.
Jaranero, sencillo, esquivo al hablar de sí mismo y lejos, lejísimos, de la palabra «protagonismo» al citar su paso por el Ejército Rebelde y la obra revolucionaria después del triunfo, su vida misma es una prueba irrefutable de lo que es cubanía: pasión, respeto, ímpetu, ganas, provenir.