Más que maestra, educar para toda la vida

Categoría: Especiales
Escrito por LILIET MORENO SALAS
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SANY3653En nuestro transcurso por la vida, a veces nos encontramos con personas a las queremos y admiramos casi sin conocerlas. Tal vez por su carisma, o sencillamente porque emanan sentimientos tan lindos como la humildad, la sencillez y la sensibilidad.

Así le sucedió a esta reportera al intercambiar con Arlis Arlines Hernández Duarte, docente jubilada y reincorporada a la importante labor a la que se ha dedicado. Coordinamos la entrevista y al otro día, compartimos una linda mañana en la que con gran entusiasmo reveló su exitosa trayectoria pedagógica.

“Mi madre era profesora, creo que de ella heredé mi pasión por esta profesión, pues desde muy joven me incliné por la educación, principalmente a la enseñaza especial”.

Recordó su periodo de estudiante, el año 1962 en el que se graduó como maestra normalista, y la etapa en la que se incorporó a la Campaña de Alfabetización.

“No pude irme a las montañas porque mi padres no me dieron autorización, era yo muy joven aún, mas me quedé en la ciudad y enseñé a leer y a escribir a siete trabajadores de la fábrica de tornillo, entre ellos, al chofer del camión que nos recogía todos los días”.

Formadora ejemplar

De sus inicios como trabajadora, Arlis recuerda que comenzó a los 17 años en el municipio de Contramaestre, y luego en 1964 cuando se crea la enseñanza especial, llega a esta enseñanza que dejó profundas huellas de amor en su corazón.

“Pude formar parte del equipo pues entre los requisitos que exigían, por ejemplo, eran saber alguna manifestación artística y tener conocimientos de psicología, yo sabía tocar piano y había estudiado los dos primeros años de la licenciatura”, dice con orgullo.

Comenta su transitar por las aulas hospitalarias, en las que se mantuvo por una década, en el hospital Infantil Norte, años de los que conserva lindos y tristes recuerdos.

“Trabajaba en las salas de oncología, quemado y nefrología. Cuántas historias en mi memoria, cuantos pequeños rostros…Muchas veces me iba para mi casa y los dejaba bien, y al otro día, habían fallecido o estaban en estado crítico”, dijo con nostalgia.

Las ganas de instruir, de brindar afecto a quienes más lo necesitan, han guiado a Hernández Duarte a la constante superación, estudios que posibilitaron su desempeño como docente terapeuta, asesora y directora de diversos centros.

También merecedora de premios como el 500 aniversario, la llave de la ciudad, vanguardia nacional por seis años consecutivos, entre otros que otorga el Ministerio de Educación.

De igual manera fungió como profesora del pedagógico, cumplió misión internacionalista en la República Bolivariana de Venezuela donde fue estimulada como mejor defectóloga;  coordinadora del Proyecto Nacional de Sordo- Ceguera, y subdirectora- vice directora docente de la escuela de ciegos hasta su jubilación.

Indiscutiblemente la sensibilidad humana que requiere la enseñanza especial tocó los sentimientos más profundos de la hoy experimentada pedagoga, quien desde sus inicios no dudó jamás en brindar sus conocimientos y su vocación a pequeños con dificultades de conducta y en el aprendizaje.

“Cuando trabajas con esos niños de te das cuenta del apoyo y la solidaridad que necesitan de toda la sociedad, es una obra de ternura y comprensión.

“No hay mayor satisfacción que verlos incorporados al trabajo socialmente útil, laborando en diversas esferas, que a pesar del paso de los años me recuerden y me llamen maestra, y mejor aún, que sientan que formo parte de su familia”, expresó.

Estar lejos de las aulas nunca fue una opción, por lo que luego de su jubilación, asumió la responsabilidad del trabajo preventivo en la provincia, o sea, todo lo referido a la instrucción y el comportamiento de las personas, fundamentalmente de los niños, jóvenes y adolescentes.

“Nuestra misión es trabajar en aras de que nuestros estudiantes tengan una formación acorde a los principios de la Revolución. Es nuestra tarea reforzar los buenos hábitos y transformar cualquier actitud o situación incorrecta”.

En ese sentido, hizo énfasis en los indicadores que les permiten evaluarlos, partiendo de la asistencia y puntualidad, el uso correcto del uniforme, el cumplimiento de los deberes escolares, el cuidado de la base material de estudio, la presencia de los alumnos dentro del sistema educacional, y el comportamiento.

Sobre este tema, aseveró que Santiago de Cuba avanza considerablemente en cuanto a las acciones preventivas, más hay que intensificar el trabajo con la familia y la comunidad.

“Tengo más de 50 años de experiencia, y puedo asegurar, que ser maestro es una de las profesiones más lindas que existen, pero hay que saber enseñar y aprender de ellos. Tener la sensibilidad necesaria para educar y formar para toda la vida”.

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