Periódico Sierra Maestra

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Crónicas de mis memorias: Fidel también vive en Bolivia

Fidel Castro 940Aquel 25  de noviembre fue intenso, por la noche nos reunimos en la casa del Consejero Político de la Embajada en Bolivia, Manolito Alfonso y su esposa Graciela Cabrera  para un encuentro con  el escritor y periodista Hugo Moldiz, director del Periódico La Época, reconocido abogado, catedrático de la Universidad, analista de política Internacional y  quien meses después fuera Ministro de Gobierno (Interior) y  Fernando Fuentes, ex Cónsul de Bolivia en la ciudad argentina de Rosario y funcionario del Ministerio de Obras Públicas,  para tratar la divulgación la serie televisiva “Semillas del Ñacahuasú” sobre los bolivianos que participaron en la guerrilla del Comandante Ernesto Che Guevara 1966-1967.

Terminado el encuentro mi hijo Leandro y yo decidimos caminar hasta la casa donde estábamos alojados. La noche era muy fría, pero despejada, con un cielo estrellado, nada presagiaba tormenta o tempestad. Íbamos comentando la disposición de ayuda del Ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, de los embajadores de Venezuela, Cris González; Nicaragua, Elías Chévez; Ecuador, Ricardo Ulcualgo; Katia Gumucio, del canal televisivo Abya Yala, y otros compañeros admiradores de Fidel. 

Habían pasado pocos minutos cuando una llamada de Manolito lo cambió todo:  había fallecido nuestro Comandante en Jefe. La tristeza y el dolor nos invadió. Es muy difícil perder a un ser querido, pero mucho más cuando se está fuera de la Patria. Casi de inmediato entró una llamada de Adys, estaba llorando. Eso confirmaba que la noticia era cierta. 

Llamamos a la habitación de la doctora Marlene Villanueva, una de las asesoras cubanas del Ministerio de Salud Pública de Bolivia en el plan Moto Méndez, para personas que requerían rehabilitación física o discapacitadas, especialmente los niños. Se negaba a creer la noticia, tantas veces lo habían dado por muerto, que podría tratarse de una vez más, pero ya los canales de televisión estaban divulgando la dolorosa información.

Desde ese momento el teléfono no cesó, eran amigos solidarios, que, acostumbrados a no creer en las mentiras y manipulaciones de los enemigos de Cuba, dudaban. Al confirmarlas en algunos casos, como los de Amalia de Rada, Marlene Uriona, Roxana Vaca y la tía Ana, los sollozos se escuchaban. Esa noche y madrugada nuestros amigos no durmieron.

Con la doctora Marlene Villanueva comenzamos a recordar las preocupaciones de Fidel por las Brigadas Médicas y especialmente sobre un grupo de especialistas que, en Bolivia desde el 31 de enero del 2011, asesorando la atención médica en rehabilitación física motora, ofreciendo cursos de formación y Diplomados al personal médico, paramédico y técnicos bolivianos para la instalación de 45 centros en todo el país, con servicios gratuitos. Cuba también había enviado dos especialistas en genética para estudiar y tratar a niños con algunos problemas en ese campo.

Fidel siempre estuvo atento a lo que sucedía en América Latina y especialmente en Bolivia. En 1962 se habían otorgado más de mil becas para estudiantes de medicina y Bolivia fue uno de los priorizados, también cuando creo la Escuela para formar médicos conocida como ELAM.

Tengo pruebas que leía los informes que enviábamos, seguramente los demás funcionarios guardan muchas anécdotas en ese sentido.  De los míos, recibía indicaciones de verificar algunos datos, ampliarlos o llegaban preguntas muy precisas, de alguien profundamente conocedor de la situación y personalidades de ese país.

En 1983   le hicimos un informe relatando que en la ciudad de Sucre, observamos una manifestación de quienes parecían mendigos, descalzos y pobremente abrigados, en medio de un frío intenso, eran pacientes del hospital psiquiátrico, único en el país, que exigían el presupuesto para alimentación, medicinas y mantas y en el museo  Casa de la Libertad, en el Salón de las Banderas faltaba la cubana y al preguntar a su  director Joaquín Gautier Valda,  respondió estaban las donadas por los gobiernos de América Latina y los de Cuba nunca había enviada la suya.

Poco tiempo después Fidel envió al compañero Eusebio Leal, con la bandera y el presupuesto para medicinas, mantas y alimentación para el Hospital Psiquiátrico. Junto a Rafael Salas Ochoa, Consejero Político de la Embajada, Adys y yo, acompañamos a Eusebio Leal a Sucre. El   acto se realizó en el Salón de Honor del Palacio Consistorial donde se entregó la Bandera y la donación de Fidel.  Estuvieron presentes las autoridades, personalidades de la cultura, la política, personal médico y paramédico, los medios de difusión, los sacerdotes y monjas del Hospital y a los acordes de la Banda de Música se anunció el donativo.

También hubo un acto en el Hospital Psiquiátrico donde el Arzobispo José Clemente Maure expresó, que llevaban meses pidiendo un milagro y nunca imaginó lo hiciera Dios a través de Fidel Castro y del Historiador de la ciudad de La Habana.

Con nosotros trabajaba la señora Virginia Mamani, un día pidió permiso para llevar a su hijo enfermo a los callahuayas (curanderos). Al regresar informó que le habían dicho: “No gastar dinero en medicinas, leyó en sus ojos que va a morir.” Hablamos con dos médicos bolivianos graduados en Cuba, quienes expresaron podía ser salvado. Lo llevamos al hospital público, carecía de recursos para infantes y no contaban con camas, logramos el ingreso y como a los 9 días murió y no entregaban el cadáver hasta no pagar el costo de las medicinas, alimentos y demás gastos durante la atención médica.

Decidimos pagar, pero exigían la Fe de Bautismo. Era evidente que ponían trabas para quedarse con el cadáver. Conocimos con indignación como a los familiares que no pagaban las cuentas al hospital, un grupo de intermediarios vendían los cadáveres en Estados Unidos a universidades privadas u otras instituciones. Se resolvió el pago, y el Comandante en Jefe, donó a Bolivia cinco salas de terapia intensiva con todo el equipamiento y laboratorios, las primeras con las que contó el país hermano para proteger a sus niños.

El Ministerio de Salud Pública de Cuba, envió varios especialistas de primer nivel entre ellos: los doctores Callejas y Suardiaz, dos enfermeras intensivistas, tres técnicos electro médicos, y a Marianela Díaz, especialista en laboratorio. Los científicos fueron atendidos por el agregado diplomático cubano Antonio Sánchez. Además, viajaron a La Habana especialistas bolivianos para entrenarse en las diferentes técnicas de atención médica, cubriendo Cuba todos los gastos.

El gesto solidario y humanista tuvo amplia repercusión en la prensa boliviana, muchas personas llamaban para agradecerle a la Revolución cubana y a Fidel el humanitario gesto y sorprendentemente hasta el ex dictador Hugo Bánzer, llamó porque en una de esas salas los especialistas cubanos habían salvado dos niños víctimas de un grave accidente e hijos de una familia muy querida por el General, que estaba profundamente agradecido.

Desde 1984 en Cuba se conocía el lugar donde estaban enterrados el Che, los cubanos Alberto Fernández Montes de Oca, Orlando Pantoja Tamayo, René Martínez Tamayo, los bolivianos  y Simeón Cuba (Willy) Aniceto Reynaga y el peruano Juan Pablo Chang-Navarro. Se elaboró un plan para rescatarlos consistente en comprar esos terrenos en coordinación con una institución religiosa y construir una escuela o asilo para ancianos.  Ellos cercarían el terreno con un muro alto y cuando comenzara la construcción sacar las osamentas y llevarlas hasta La Paz, desde donde serían enviadas para Cuba.

El lugar fue filmado y al compararse con las fotos se observaba nítidamente el desnivel del terreno, porque el pasto había crecido unos centímetros más bajo y se apreciaba hasta el ancho y el largo de la zanja. Con todos esos elementos en La Habana se elaboraron los croquis, mapas y las distancias a recorrer desde Vallegrande a Cochabamba y La Paz, al que se denominó Operación Aurora.

Un grupo de compañeros coordinaron la elaboración del Plan de Rescate con toda la información necesaria, incluyendo testimonios, el tamaño de las valijas especiales donde serían transportados y la preparación de un jeep con doble fondo y bien protegido para el traslado hasta La Paz. Fue un trabajo científico, riguroso, bien estudiado y calculado.

Fuimos informados que Fidel no hizo ninguna observación a la propuesta, pero no la aprobó. Expresó que, por un problema ético y moral, no se podían cometer ilegalidades, nunca nadie podría acusar a la Revolución Cubana de estar sacando o robando cadáveres. Orientó lograr la autorización del Gobierno boliviano. Se hicieron gestiones, pero la solicitud se filtró o la filtraron a la prensa y el Alto Mando Militar declaró que el cadáver del Che fue incinerado y las cenizas lanzadas a la selva y esa era la posición oficial de las Fuerzas Armadas. Hubo que esperar casi treinta años para proceder a las excavaciones.

Las huellas de Fidel en Bolivia son inmensas; en 1993 visitó el país en ocasión del traspaso del presidente Jaime Paz Zamora a Gonzalo Sánchez de Lozada. Las calles se llenaron para darle la bienvenida. Se alojó en el hotel Plaza, ubicado en el Paseo del Prado. Los admiradores de la Revolución Cubana lo rodearon, para saludarlo y protegerlo y una gran tela lo presentaba como el Comandante de América. Fue uno de los grandes acontecimientos en la historia de ese país. Varios testigos narraron que cuando se asomó en la ventana, con una mano sostenía la taza de  mate de coca y con la otra saludaba a la multitud.

Se escuchaban las voces de “Fidel, Fidel, que tiene Fidel que los imperialistas no pueden con él”, “Patria o Muerte. Venceremos”, “Fidel hermano, ya eres boliviano.” “Viva la Revolución cubana”, “Abajo el imperialismo norteamericano”. Las  banderas cubanas flotaban en muchas manos.

Los estudiantes universitarios y de las escuelas cercanas, espontáneamente se concentraron para darle la bienvenida. Fidel había logrado que trabajadores, empresarios, maestros y estudiantes, amas de casa, profesionales, clases medias, de distintas agrupaciones políticas o ideológica, credos religiosos se unieran en la bienvenida. Fue tanto el entusiasmo generado entre todos, incluido el gobierno, que la Embajada de Estados Unidos protestó oficialmente.

La presencia de Fidel está extendida por muchos lugares de Bolivia, en una de las visitas a La Higuera, ya existía un camino de tierra transitable, paneles solares, un televisor y los campesinos viendo noticieros, programas musicales y telenovelas cubanas.

En una de esas ocasiones comentaron como los médicos recorrían las aldeas vecinas, cabalgando en “El Caballo de Fidel” y si el enfermo lo necesitaba, un taxi lo llevaba al hospital de Vallegrande, donde  era atendido por otros médicos cubanos. La mención de ese caballo nos llamó la atención y al indagar informaron que Fidel al conocer que los médicos se trasladaban a pie de una aldea a otra, corriendo el peligro de las serpientes y los pumas, ordenó comprarles un caballo y los vecinos comenzaron a llamarlo “El Caballo de Fidel” y a cuidarlo con esmero, nadie se atrevía a maltratarlo. 

El fallecimiento de Fidel tuvo una amplia repercusión en Bolivia. Al día siguiente en horas de la mañana prácticamente había una concentración frente a la embajada cubana para expresar sus sentimientos, así se mantuvo el sábado y domingo.

El lunes tenía una cita con Marcelo Zalabaga Presidente del Banco Central de Bolivia y al acudir, me dio el pésame y comenzó a hablar lo que significaba Fidel en la historia de Cuba, de Bolivia y los desposeídos de América Latina y Mundial. Se refirió a su calidad humana y ética. Los sentimientos se agolparon. Pensé en Adys, mis hijos, mis nietos, mi familia, mi pueblo. No pude contener la emoción. Empecé a llorar como lo hice el día que me comunicaron la muerte de mi padre.

Marcelo para ayudarme a salir de aquel difícil momento, me preguntó cuántas veces Estados Unidos y la CIA habían tratado de asesinarlo. Le expliqué que como 600 veces. Afirmó entonces: “Esta vez tampoco lo lograron.”  

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