Ya estamos en combate
Por defender la idea de todos los que han muerto
Para arrojar a los malos del histórico templo
Por el heroico gesto de Maceo
Por la dulce memoria de Martí
(…)
De nuestra lucha heroica depende la Cuba verdadera
La furia loca de Gómez y Agramonte…
La lucha pura de Mella y de Guiteras…
Adelante cubanos… ¡Adelante!
Por nuestro honor de hombres ya estamos en combate
Pongamos en ridículo la actitud egoísta del Tirano
Luchemos hoy o nunca por una Cuba sin esclavos
Sintamos en lo hondo la sed enfurecida de la patria
Pongamos en la cima del Turquino la Estrella Solitaria.
Expresó Raúl Gómez García, “El Poeta del Moncada”, que con sus versos del poema “Ya estamos en combate”, exaltaba el espíritu que guió a la juventud el 26 de julio de 1953. Hoy los tiempos no son los mismos, hasta los dos últimos años han sido sin precedentes para la historia del país y de la humanidad.
Sin embargo, los jóvenes cubanos siguen creando, transformando, erigiendo y sintiendo por su país con más razones que el primer día. Son los primeros en todo: en el estudio, el trabajo, la ciencia, los talleres, el surco, la Zona Roja, y la defensa de la Patria.
No solo fundan escuelas, sino también desarrollan un ejercicio crítico sistemático de qué se puede mejorar, y cómo sacar adelante a la Nación. Estas generaciones nacieron en medio de un bloqueo económico, comercial y financiero, es cierto que no estuvieron en ese Moncada siendo cuartel, sino Ciudad Escolar 26 de Julio, que no asistieron a un Granma ni a la Sierra Maestra.
Tampoco acudieron a los primeros años de la Revolución cubana, sin embargo, han sido protagonistas de días decisivos para su futuro.
Desde la remembranza a los héroes y mártires, manteniendo vivo su legado, el aporte a la economía, la cultura, la educación y la salud, la representación de la solidaridad y el internacionalismo en otros pueblos, la lucha contra la Covid-19, la denuncia de las acciones unilaterales, injustas y violatorias del imperialismo en la vida real y virtual desde las redes sociales, así como el cuidado y respeto a la familia, devienen en hechos de nuestras conquistas.
El mayor logro es que saben de manchas, de defectos, de errores, de tropiezos, de caídas, de inexperiencia, de sudor y sacrificio, pero también de éxito, triunfo, y valor, coraje…
Esos pinos nuevos son la esperanza de tantas cosas buenas, son el ejército y el ejercicio de mayor convicción de todo cuanto se ha hecho por y para ellos, quienes siempre marchan con el simbolismo que los acompaña, en 26 de Julio.