De cuerpo menudo, pequeña estatura, pelo largo y cara angelical, hoy se disfraza de superhéroe, hoy su rostro se cubre con careta y mascarilla, hoy es de las voluntarias que no temen al peligro y cuidan de la vida en una zona roja.
Tan solo tiene 16 años, pero lleva en su alma el valor y el coraje de la mujer cubana. Sí, es una adolescente, pero sabe la importancia de acompañar a sus pacientes para que no se sientan solos, mientras esperan, entre la ansiedad y la angustia, por el resultado de un PCR.
Nalia Elena Bencosme Írsula optó por Técnica en Enfermería al concluir su noveno grado y estudia en el politécnico de la salud Dr. Juan Manuel Páez Inchausti. Desde que se decidió que este centro se dedicara al aislamiento de personas sospechosas a la Covid-19, ella y otros amigos de grupo fueron los primeros en dar voluntariamente su disposición.
Ya estuvieron en una primera ocasión. Hicieron su cuarentena, descansaron y regresaron. Nuevamente recesarán y después de 21 días se reincorporarán a la zona roja.
Nalia, aunque cursa sólo su segundo año, ya sabe tomar signos vitales, inyectar, canalizar venas...
“Mira -me dice- un día mío de trabajo es super motivado. Lo primero que hacemos es recibir el turno. Luego tomamos presión, temperatura, en fin, todos los signos vitales.
“Nos acercamos a los pacientes, les preguntamos cómo se sienten, pues como aún no tienen el resultado del PCR, en ocasiones se sienten estresados y nosotros los ayudamos a reincorporarse, a pensar en positivo y a mejorarles el estado de ánimo.
“Además cumplimos con la administración de los medicamentos, bueno y siempre protegiéndonos.”
Esta valiente dedica sus dos días libres a estudiar y trabaja los otros dos.
“Que por cierto, los disfruto mucho porque ya me siento enfermera.”