Los 24 años que alcanza la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales, desde su inauguración el 14 de octubre de 1991, fueron hoy motivo de remembranza y júbilo para el pueblo santiaguero que la entroniza, en su imaginario popular, como ícono sintético de patriotismo e historia.
En la clausura del Cuarto Congreso del Partido Comunista de Cuba el líder de la Revolución, Fidel Castro Ruz, signó con su oratoria la apertura de este sitio y enfatizó, además, en su estructura majestuosa y en la utilidad que posee para la replicación del acervo histórico de la nación.
Precisamente, la realización de la obra monumental encuentra sustento en los pasajes de la Protesta de Baraguá, hecho trascedente de la historia de Cuba protagonizado por uno de los hombres más representativos de las gestas independentistas del país: Antonio Maceo.
El escultor santiaguero Alberto Lescay Merencio fue el autor de la figura ecuestre que representa al Maceo político, al ideólogo que convoca al pueblo a continuar la lucha desde las ideas promovidas a lo largo del proceso de liberación nacional. Por otra parte, los 23 elementos metálicos que simulan machetes, son obras del escultor santiaguero Guarionex Ferrer.
“Cada vez que transito por este lugar siento gran orgullo de ser cubana y haber nacido en Santiago; orgullo por tener el privilegio de visitar este monumento cada vez que lo deseo y así conocer y profundizar más sobre la vida de Antonio Maceo, quien promovió valores como la rebeldía, la intransigencia revolucionaria y el patriotismo”, declaró Thalía Susana Cabrales, estudiante de séptimo grado de la secundaria básica urbana Espino Fernández.
A la mezcla de realismo y abstracción que subyace tras el conjunto escultórico se suma el recinto de la llama eterna, un espacio donde la perpetuidad del fuego sugiere el temple maceísta que rige la ideología revolucionaria; sin desgastes, sin extinciones.
La Plaza de la Revolución santiaguera ha sido testigo de importantes sucesos para la historia del país. Asoman las misas católicas que en ella oficiaran los Papas San Juan Pablo II y Benedicto XVI; la entrega de la condición de Heroína de la República de Cuba a la eterna Vilma Espín, realizada en el Salón de los Vitrales del lugar; y disímiles congregaciones allí efectuadas donde el pueblo se aunó por justas razones, como el regreso de los Cinco Héroes y el homenaje póstumo al mejor amigo, Hugo Rafael Chávez Frías.
La ejecución del conjunto monumental y escultórico estuvo a cargo de un experimentado equipo de trabajo integrado por artistas de la plástica, arquitectos, constructores, ingenieros civiles, hidráulicos, eléctricos, entre otros. El ingeniero civil Esteban Ferrer Coutin, quien fungió como ingeniero principal de la obra, apuntó:
“Es la obra más importante de mi vida profesional. La experiencia más hermosa que conservo es la camadería y el grado profundo de unión que entablamos con los constructores y el resto de los obreros, fue un trabajo en equipo muy armonioso y esta Plaza es el fruto de ello. Aconsejo a los más jóvenes que cuiden esta obra de valor patrimonial enorme, que se inspiren en ella para crear en algún momento de sus vidas algo tan grande, digno y hermoso como esto”.
Hoy, a los más de 20 años de existencia que atesora la Plaza, sus elementos se erigen tan imponentes como el primer día. El acero naval y aliado que la constituye, compuesto además por cromo, níquel y cobre, exhibe una resistencia tan férrea como el carácter de Antonio; se enajena del óxido para dramatizar en metal la estirpe santiaguera.