Aprender a ser estudiantes

Categoría: Especiales
Escrito por Irma Rivera Sánchez y Daniela Verdecia Castillo / Foto: radiomambi.icrt.cu
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estudiantes santiagueros 2020La Covid-19 trastocó las rutinas de millones de escolares alrededor del mundo. En ocasión del Día Internacional del Estudiante, Sierra Maestra recoge experiencias de jóvenes santiagueros durante el pasado curso escolar

Cuando comenzó el curso 2019-2020 nadie podía imaginar lo atípico que sería transitar por las aulas. Durante meses no hubo piquetes de estudio ni campus repleto y las estructuras grupales se transformaron en pequeñas burbujas distantes.

Quienes vivimos el último año como estudiantes conocemos la incertidumbre y la preocupación de no saber qué pasará con nuestro futuro. ¿Y la tesis? ¿Nos graduaremos el año que viene? ¿Para cuándo las pruebas de ingreso? Las dudas nos invadieron.

Aprendimos, sí, de ciencias y letras, de teorías e hipótesis, pero las rutinas fueron otras. Los profes no estaban a pie de aula y las libretas luchaban más que nunca contra la procrastinación. Este curso hubo que reaprender a ser estudiantes.

Año de definiciones

“Siempre recuerdo que en mi primera semana la profesora de Física insistía en que la entrada a la Universidad comenzaba en 10mo grado”, confiesa Ileana Mancebo, quien recientemente concluyó la enseñanza Media Superior. “Como jóvenes sentimos necesidad de socializar con nuestras amistades, crear nuevas experiencias y no siempre reconocemos la importancia del estudio.

“Damos por sentado que la escuela siempre va a estar disponible para nosotros. Pero este año caminar por los pasillos o sentarse a consultar con un amigo en el repaso se volvió imposible, y muchos de nosotros extrañamos a los profesores que tanto exigían, pero siempre tenían una respuesta”, explica.

Cuando la energía juvenil tuvo que ser contenida tras las puertas de casa, el estudio individual pasó a una posición primaria. “Teníamos las teleclases y se consultaban las dudas a través de Whatsapp o el Repasado Virtual. Pero había que exigirse el doble para no perder de vista nuestro objetivo, en cuarentena era fácil olvidar que todavía estábamos en la escuela.

“Las distracciones personales nos podían jugar una mala pasada. Ahora recuerdo aquel consejo de la profesora de Física: el preuniversitario hay que aprovecharlo desde el inicio. Quién iba a imaginar que estaríamos catorce meses en el mismo grado, la espera para hacer las pruebas de ingreso parecía nunca acabar”, recuerda Ileana.

El último semestre

En cinco años de carrera se van tejiendo expectativas. Semestre a semestre la meta parece más cercana, hasta llegar al último, quizás el más importante. Entre dudas y noches sin dormir, el ejercicio de culminación de estudio se convierte en el centro de todo universitario.

24 de marzo. Habían pasado trece días desde que fueron detectados los primeros casos de COVID-19 en Cuba cuando cerró la Universidad de Oriente. ¿Y ahora, cuándo nos graduaremos? En los días de confinamiento, esta reportera solo conocía de incertidumbres.

Los compañeros libraban sus propias batallas, pero el contacto virtual estuvo siempre. Por Whatsapp se habló del Periodismo que se hacía en tiempos de pandemia, y de la última información del Ministerio de Educación Superior. No había aula ni encuentro con el tutor, pero se debatió, se teorizó.

Justo antes del confinamiento, aplicábamos encuestas, preparábamos entrevistas y veíamos a la predefensa asomarse. Graduarnos ya no era un sueño porque el final del camino universitario estaba cerca. En cinco años de carrera tejimos expectativas, pero en el último semestre la realidad fue otra.

Entrevistas frustradas. Encuestas sin responder. No tuvimos tesis, sino referativos. Al final del camino los abrazos fueron pocos, solo los imprescindibles. Graduarse fue un reto para todos, para Daniela fue aún mayor.

Sin Internet, una tesis online

Desde mi posición de periodista, lo veo más claro. En aquellos meses, la discapacidad tecnológica nos afectó a muchos. La vía de conexión con las personas relacionadas con las tesis, desapareció; descargar la bibliografía y aplicar los instrumentos metodológicos, se volvió un reto.

Cómo conocer lo que sucedía, si gran parte de la información circulaba en las redes sociales, el correo o los sistemas de mensajería. Era imposible enviarle el documento a mi tutora. Entonces una llamada telefónica cuando los rumores eran contradictorios, aplacaba las tensiones, era un soplo de aliento.

La emoción de interactuar con el mundo otaku se vio detenida cuando todos los espacios de reunión cerraron. Al final el esfuerzo fue recompensado. Algunos no “sufrimos” el estrés de la defensa, pero la pandemia no opacó la graduación.

Fue la culminación de un período, con pocas ocasiones para sentir la calidez de un abrazo, sin la presencia de toda la familia, pero no menos excitante. Sin dudas, quienes vivimos los últimos meses como estudiantes conocemos de incertidumbres y expectativas rotas, pero sabemos que de los retos nacen las mayores conquistas.

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