La noticia de que la cirugía puede ser parte de la cura de una enfermedad letal o invalidante del sistema nervioso, abre la puerta a la esperanza; lo que no sabe buena parte de las personas es que -además de la pericia del cirujano, el anestesiólogo y el resto del equipo quirúrgico- el éxito de la operación dependerá también de los neurofisiólogos, encargados de garantizar la seguridad de los procederes.
Un grupo de santiagueros minimizan el riesgo de secuelas neurológicas en quienes se someten a intervenciones de médula espinal, tumores cerebrales y otras afecciones en hospitales de Holguín, Guantánamo y Santiago de Cuba, mediante una práctica que -a pesar de sus beneficios- todavía no es suficientemente utilizada.
Se trata del neuromonitoreo transoperatorio que, a decir del Dr.C. Arquímedes Montoya Pedrón, jefe del servicio de Neurofisiología Clínica del Hospital General Dr. Juan B. Zayas Alfonso, comprende un conjunto de técnicas dirigidas a garantizar la integridad funcional del sistema nervioso durante procederes quirúrgicos riesgosos.
El valor de esta práctica ha sido reconocido a nivel internacional porque amplía las posibilidades de diagnóstico oportuno de afectaciones a las estructuras cerebrales.
La función del equipo de neurofisiólogos es vigilar el funcionamiento del sistema nervioso durante las operaciones donde existe riesgo de daño a alguna de sus estructuras.
¿Pero, cómo se insertan los neurofisiólogos en el proceso de la neurocirugía?
“Antes de la intervención quirúrgica se hace la planificación -explica el doctor Montoya. Cuando se solicita el neuromonitoreo transoperatorio, se hace una reunión con el equipo de trabajo, en el cual se evalúa la técnica quirúrgica por utilizar, las zonas lesionadas del paciente y las estructuras que tienen mayor probabilidad de ser dañadas, el tipo de anestésico y de relajante muscular que se usará. También se planifica el neuromonitoreo transoperatorio al seleccionar cuáles pruebas se utilizarán.
“Luego se somete al paciente a estudios neurofisiológicos fuera del salón de operaciones para ver el estado funcional previo que tienen esas vías, y tener una medida de a qué nos vamos a enfrentar durante la operación.
“Estas pruebas se repiten cuando el paciente está bajo el efecto de la anestesia y el relajante muscular; así definimos los parámetros que se utilizarán como referencia para seguir su evolución durante la cirugía.”
Entre los estudios realizados en el acto quirúrgico se encuentran los potenciales evocados, la electroencefalografía, la estimulación eléctrica transcraneal, los estudios de conducción nerviosa, la estimulación eléctrica selectiva de estructuras del sistema nervioso. Esto sustituye métodos antiguos y menos seguros, cuyo fin es comprobar el funcionamiento de las zonas en riesgo.
“Por ejemplo, antiguamente durante una operación de columna, para garantizar que no se dañaran las vías responsables del movimiento, se despertaba al paciente y se le pedía que moviera las extremidades. Esto no es necesario cuando se practica el neuromonitoreo transoperatorio; pues se estimula la corteza motora, se va registrando la respuesta muscular y así valoramos la integridad de estas vías”, agregó el experto.
Esta técnica es extraordinariamente importante porque permite prevenir daños o minimizarlos cuando son inevitables.
Las cirugías en las que han participado con mayor frecuencia son la recepción de tumores ya sea en los hemisferios cerebrales, en la fosa posterior o tallo cerebral a nivel de la médula espinal o de la columna vertebral.
En Cuba se utiliza fundamentalmente en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía y en el Centro Internacional de Restauración Neurológica. Mas la inclusión de los neurofisiólogos en el los equipos quirúrgicos es una práctica que gana terreno en Holguín y Guantánamo, fundamentalmente.
“En los últimos años esta modalidad ha marcado una tendencia creciente en la neurofisiología porque su finalidad es evaluar de manera continua el funcionamiento de las estructuras del sistema nervioso que están sometidas a un riesgo durante la intervención quirúrgica. También se emplea en procederes para explorar el sistema nervioso periférico y columna vertebral. Además, tiene aplicaciones en el campo de la ortopedia y de la traumatología”, comentó el galeno.
Cuando termina la cirugía se comparan los parámetros iniciales con los obtenidos al final, a fin de detectar si se produjo o no alguna afectación de las estructuras nerviosas. Después, cuando el paciente está recuperado, se hace una evaluación en el laboratorio de Neurofisiología clínica del hospital donde se encuentre para tener un pronóstico definitivo de su estado funcional. Eso es importante para decidir la estrategia de rehabilitación.
Como técnica diagnóstica, el neuromonitoreo transoperatorio tiene mucha complejidad; son costosos pero el servicio territorial de Neurofisiología clínica del “Juan Bruno Zayas” dispone de las tecnologías necesarias para garantizar su realización.
Varios niños y adolescentes de provincias orientales han recibido los beneficios de este equipo de santiagueros cuya experticia los convierte en centinelas de la neurocirugía.