“Idiosincrasia de resistencia”
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- Categoría: Especiales
- Escrito por Yunier Sarmientos Semanat
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Más de un objeto en la sala de la casa de Olga Portuondo Zúñiga relacionan a la notable historiadora con la ciudad que le acoge desde la juventud. Inquieta sobre su asiento, lo mismo responde a un saludo que le tienden desde la acera, que se preocupa por quien desde hace años ha sido su peluquero.
Tal vez ella sea el propio reflejo de lo que tanto se ha empeñado en escudriñar durante décadas: el comportamiento de los hijos de esta región en su relación con la historia, esa que acumula aquí mucho más de medio milenio.
“La idiosincrasia del santiaguero es producto de un largo proceso -dice-, del cual no podemos apartar a los aborígenes, quienes junto con el español y el africano, tienen un peso bastante grande. Hay toda una trayectoria histórica que ha clarificado la personalidad del santiaguero, y eso a través de circunstancias específicas que le han llevado a crearse un carácter con mayor énfasis.
“Porque no en toda Cuba, por ejemplo, las agresiones del corso y la piratería se produjeron con la misma intensidad que aquí. Donde hubo un intento de agresión inglesa en 1661, después en 1741 la pretensión de ocupar la ciudad, además del sitio a Santiago de Cuba en 1898, como escenario clave en la guerra Hispano-Cubano-Norteamericana.
“También integramos, aunque a veces no conocemos en profundidad, las relaciones con el resto del Caribe. Eso fue formando una idiosincrasia de resistencia; como mismo influye el hecho que estamos en el Trópico, con mucho calor y bajo la amenaza de que nos venga arriba un terremoto y afectarnos sensiblemente, y que debemos recuperarnos.
“Somos una mezcla tan abigarrada que nos ha proporcionado además la capacidad de darle importancia a la vida por encima de cualquier cosa, eso lo tiene todo cubano, pero en los santiagueros se encuentra multiplicado por dos.
“En el ´56, ´57 y ´58 estuvimos en el medio de una guerra civil que era la lucha contra Batista cuyo detonante fue el asalto al Moncada. Y el santiaguero no se metió en su casa, sino más bien salió a colaborar y ayudar a los revolucionarios, eso sin duda tiene un valor singular, independientemente del miedo lógico por la represión, pero fue capaz de superar todo esto.
“Hace poco me entrevistaban y coincidía con la fecha del asesinato de Josué, y yo decía que él es un ejemplo de eso, salió quizás impulsado por su juventud, pero es el espíritu que mueve a los de aquí, ese deseo de rebelarse con independencia de que haya una amenaza y que pueda morir o sacrificarse”, subraya.
Cuando todavía el nuevo coronavirus causa estragos en Cuba y el mundo, y con una densa labor investigativa que la ha llevado a preocuparse más de una vez por el impacto de múltiples fenómenos naturales y epidemias en este territorio, Olga Portuondo recuerda que “en 1766 un terremoto destruyó la ciudad, hubo muertos, pero la mayor cantidad fue con la epidemia de cólera morbo en 1852.
“Como consecuencia de esta fallecieron miles de personas, no solo aquí en Santiago, sino en todo el país y en el Departamento Oriental cerca de 14 mil, a tal punto que el antiguo cementerio de Santa Ana, que era chiquito, se exacerbó y fue necesaria la creación de un nuevo camposanto.
“No obstante, en la década del 50 del siglo XIX la ciudad se embelleció mucho más, porque hubo un cambio de política en España que permitió un liberalismo mucho más dinámico, aún con la explotación colonial existente, durante el cual se construyeron edificios públicos hermosos, y el urbanismo se perfeccionó junto a la higiene pública. Eso fue luego del terremoto y la epidemia.
“Claro que también en esos años se aceleró el proceso de concientización del cubano con respecto a su rechazo y su búsqueda de autodeterminación frente a España, y en Santiago de Cuba esto sucede en la mayor parte de la población, sobre todo entre los mestizos que eran muy numerosos”, precisó.
¿Cuánto conoce el santiaguero de sí mismo? Según la historiadora “mucho más que en otras regiones de Cuba, pero necesita hacerlo mejor, y la forma para ello es interesándose por el pasado.
“También creo que los jóvenes deben tener mayor conocimiento de lo que le antecedió en el tiempo, para no cometer errores por falta de información histórica a la hora de hacer juicios.
Asimismo, “todavía hace falta escribir más sobre las luchas revolucionarias, del ´52 o incluso antes, en la República. Sobre el enfrentamiento a Machado, la importancia de Chibás, y no todo debe estar relacionado con la acción bélica. El trabajo es importante en ese desarrollo, por eso hay que destacar a quienes mejor se desempeñan en sus profesiones.
“Creo que tenemos que llamarnos a una ética de ayuda común, que reúna a todos los cubanos hacia el proceso de mejoramiento de nuestro país”.



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