“El Brasil que conocí necesita a Lula libre”

Categoría: Especiales
Escrito por INDIRA FERRER ALONSO
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doctoralulaMaría Jannine es una santiaguera que llegó a Brasil a los 48 años, en diciembre de 2016. Entonces no imaginaba lo que estaba por vivir en un período de trabajo que se extendió por 23 meses, en la comunidad de Entremontes, ciudad Pirañas del estado de Alagoas, al Nordeste.

Ya le habían comentado que se trataba de la parte más pobre del gigante sudamericano. Una zona cuya población integra el movimiento social de los Sin tierra… pueblo de pescadores en el que mayormente se comen alimentos del mar, harina y queso…

 No sería la primera doctora que verían, pero sí la única con la disposición de permanecer allí, trabajando en las mañanas y las tardes; enfrascada en el diagnóstico de la situación de salud de más de 3 000 pacientes y en la reversión de problemas médicos que, para paradójicamente, una nación tan rica no ha logrado controlar.

“Es una comunidad muy pobre: el 48 % de su población es analfabeta y de forma general los habitantes tienen bajo nivel de instrucción. Esto, sumado a una alta insalubridad por la carencia de agua, hace que proliferen allí las enfermedades infecciosas.

“Entremontes es un lugar precario: hay mucho fecalismo al aire libre, carecen de redes hidrosanitarias, la falta de agua potable y de conocimientos elementales para prevenir padecimientos infecciosos hacen proliferar el parasitismo. Es una población en la que abundan las enfermedades diarreicas, las infecciones de transmisión sexual y las infecciones respiratorias agudas, pues no conocen la transmisibilidad de las enfermedades”, comentó.

Porque le tocó ser la única médica que tuvieron en esa comunidad durante casi dos años, María Jannine Suárez Suárez, la especialista en Medicina General Integral y en Gastroenterología, permanecerá en el recuerdo de los pacientes que tantas veces acudieron al puesto de Salud y encontraron a una profesional amable y respetuosa. Alguien que no temía tocar a los enfermos y examinarles a fondo, que los visitaba para dar seguimiento a su salud y que les hablaba -quizás por primera vez- de tratar el agua para consumir, lavarse las manos, cuidar la higiene del entorno o usar el preservativo en las relaciones sexuales.

“El trabajo fue arduo y no solo desde el punto de vista asistencial. Tuvimos que fomentar la cultura higiénico-sanitaria, que a nuestra llegada allí era deficiente… les hablábamos del autocuidado y la prevención en audiencias sanitarias y en las consultas… Y era más difícil porque se trataba de personas analfabetas o con insuficiente instrucción.”

En los recuerdos de la especialista que labora en el Hospital General Dr. Juan Bruno Zayas Alfonso, persisten las alegrías de quienes vieron resueltos problemas de salud de larga data:

“Es una población con una esperanza de vida de 52 años; mueren a causa de enfermedades perfectamente controlables o curables, por la violencia intrafamiliar y social o por las drogas… por eso la mayoría de los pacientes son adultos jóvenes y niños. Pero lo más impactante allí eran los niños.

“Yo nunca voy a olvidar a Judite Araujo, una pequeñita de tres años que parecía mucho menor. Durante más de doce meses la habían tratado por un síndrome de mala absorción en consultas privadas y la sometían a pruebas que son muy caras. Llegó el momento en que la madre no pudo seguir pagando aquel servicio y un vecino le recomendó ir a ver a la doctora cubana.

“En la primera consulta me pareció que se trataba de un caso de poliparasitismo: tenía un abdomen prominente, bajo peso, no comía y llevaba más de un mes presentando también un cuadro respiratorio     con falta de aire y fiebre en las noches. La madre me habló del diagnóstico y de las consultas que le realizaron los médicos brasileños, pero yo decidí indicarle Mebendazol, que es un medicamento del cuadro básico, de primera línea para el tratamiento del parasitismo, y lo entregábamos gratis a los pacientes, pues el gobierno de Dilma Rousseff aseguraba una serie de fármacos al programa Más Médicos y también había coordinación con el hospital para atender a los pacientes que les remitiéramos.

“Con el tratamiento Judite comenzó a expulzar por la boca, la nariz y el ano los rollitos de un gusano redondo y alargado llamado Ascaris lumbricoides. Una noche la madre echó uno de estos grupitos de gusanos en un pomito y me lo llevó al día siguiente a la consulta. Entonces le indiqué una radiografía (que fue gratis) y diagnostiqué una neumonía causada por este nemátodo, que también puede alojarse en los pulmones.”

La doctora María Jannine emociona a quien la escuche hablar de esta y otras historias que vivió en Brasil. El mercantilismo que caracteriza a la medicina en las sociedades capitalistas persigue el gasto constante de dinero por parte de los ciudadanos; por eso no importa lograr un diagnóstico certero y mucho menos y un tratamiento definitivo y eficaz.

“Judite comenzó a comer, a mejorar su estado general y la gratitud de los padres era inmensa. Para mí fue una alegría indescriptible porque resolver su situación de salud solo conllevó cariño, respeto por esa niña y su familia, y un buen examen físico, un buen interrogatorio… no necesitaba ningún recurso sofisticado. Y para mí como médico y ser humano, fue una gran dicha devolver el bienestar a esa pequeñita y el sosiego a su familia.

“Imagínate cómo fue para esas personas la noticia de que nos marchábamos.”

En Entremontes se logró un impacto en el control de enfermedades infecciosas y de afecciones crónicas no transmisibles, durante la aplicación del programa Más Médicos. Así lo demostró un estudio realizado allí poco antes de terminarse la misión.

 “Yo no trabajaba sola; nuestros resultados fueron logrados con el concurso de personal de salud brasileño: trabajadores sociales, enfermeros, grupos de ayuda. Las iniciativas de beneficio social del gobierno progresista de ese momento, demostró que la fuerza política que encabeza Lula es la única opción para que el pueblo de Brasil salga de la precariedad en que vive.”

 El programa Más Médicos fue creado en 2013 por la formación de Luiz Inácio Lula da Silva para llevar los servicios de salud a los lugares más inhóspitos y pobres del gigante sudamericano. Cuba envió a más de 11 000 médicos pero ante las declaraciones del actual presidente brasileño Jair Bolsonaro contra el programa y contra el gobierno de la  Isla, este decidió la retirada de sus especialistas.

“Aquello fue duro para nosotros y para nuestros pacientes, en ellos había pena y agradecimiento infinito. Sentimos mucha tristeza de ambas partes. El programa fue abanderado por Lula para atender a la población carente y eso hicimos allí: trabajar en la solución de los problemas de salud que tenían. Nuestra misión fue humanitaria.

“Por eso cuando veo las noticias sobre ese país y el encierro injusto de Lula, recuerdo toda la pobreza que vi allí y cómo el Programa mejoró la vida de muchas familias. Tal vez por eso comprendo más la urgencia de que sea excarcelado el líder del Partido de los Trabajadores… Esa es la única opción para las personas humildes. El Brasil que conocí necesita a Lula libre… ”

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