Creo que llegan a aprender un lenguaje no terrenal, son una especie de magos que adivinan dónde está la dolencia en recién nacidos y en pequeños que aún no saben hablar.
Paciencia y amor les acompañan siempre; arte para tratar a los niños es su principal implemento.
Los pediatras forman parte de las familias, pues todos hemos sido niños, además, en cada familia habrá pequeños que en un momento determinado se enferman y deben ser atendidos por los especialistas.
Siento orgullo de muchos a los que conozco y de todos los otros que cuidan de la infancia. Noches en vela, sobresaltos y ansiedad los acompañan cuando vigilan la evolución de sus pacienticos.
Ellos, como el resto de los cubanos, tienen preocupaciones, tensiones, hijos que educar, familia que atender, mandados que hacer, sin embargo, se despojan de todas esas responsabilidades y priorizan la salud de los niños.
En ocasiones regresan a sus hogares pensando en el diagnóstico de determinado paciente o en la evolución de algún otro, y como me dijo una amiga, se les hace un nudo en la garganta cuando no los ven evolucionar bien.
Ese amor lo llevan en la sangre; se incrusta en cada pediatra, que hoy 30 de septiembre están celebrando su día.