Cuestión de vocación

Categoría: Especiales
Escrito por Nazín Salomón Ismael / Fotos: Del autor
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Profesora Cánova preuniversitario2 santiago de cubaEn los últimos tiempos el incremento salarial ha volteado la mirada a muchos sectores. Sin embargo, aun cuando es un estímulo importante no se puede negar que la mayoría de los que se han reincorporado a distintas tareas como la educación lo hacen también por vocación y amor a su profesión.


La noticia sobre las reformas económicas fue recibida con resonantes ovaciones, y en cierta forma se debería considerar una incitación, más que todo, a un mejor ejercicio profesional.
Para no quedar en mis propias consideraciones tomé el criterio de algunos profesores que se reincorporaron al sistema, y quienes refieren no haber sido “movidos” por cuestiones monetarias únicamente.
Edilberto Marzán educacion2 santiago de cuba“Con más de cuarenta años de trabajo tomé la decisión de jubilarme para atender a mi familia”, comentó Edilberto Marzán Macías, master en Ciencias de la Educación, y profesor del seminternado Clodomira Acosta Ferrals.
“Hace unos meses me reincorporé al magisterio pero no por el aumento del salario, lo hice para poder terminar el ciclo hasta el sexto grado con mis alumnos. De esta forma cumpliré con los estudiantes, con la dirección de la escuela, y mis expectativas de poder terminar el año escolar junto a ellos. Por supuesto, bienvenido sea el incremento salarial para este medio, uno de los más sacrificados en Cuba, aunque creo oportuno decir que muchos maestros trabajamos por conciencia y amor hacia lo que hacemos, no solo por el dinero”.
Por otro lado, la profesora de preuniversitario M.Sc. María del Rosario Cánova Corría, nos dijo que retomó el ejercicio de su profesión tras cuarenta y dos años de trabajo por la constante necesidad de enseñar.
“Me siento muy feliz por ayudar en la formación vocacional de las nuevas generaciones. Más que el dinero lo que debería motivar a un buen profesor es el agrado hacia lo que hace, a lo que dedicó tantos años de estudio. Claro que estamos muy felices por estos cambios, que nos hacen sentir más apreciados y con los que se valora nuestro trabajo, pero no debe ser este el único aliciente, ni el más importante. Nada puede ser más reconfortante que la satisfacción de poder enseñar y hacerlo bien sin importar las carencias materiales”.
Hasta el pasado año académico el salario de un docente era de unos 856 pesos cubanos, ahora el salario mínimo es de 1425 pesos, más el pago por antigüedad, el grado científico, y la evaluación profesoral, algunos de estos también se tomaban en cuenta anteriormente. Por lo que, a pesar de las exigencias y el sacrificio que demanda el ser un profesor en cualquiera de las enseñanzas, el salario era considerable, y se trabajaba con dedicación y compromiso hacia la educación.
Para el presente curso unos 752 docentes solicitaron su reincorporación a las escuelas. De ellos fueron aprobados 645, siendo mayor la cifra para secundarias básicas, preuniversitarios, y Enseñanza Técnico Profesional a partir de las diferentes especialidades. Lo positivo y plausible de esta tarea sería garantizar la calidad del trabajo, mantenerla, e incluso aumentarla.
A pesar de los altibajos, las aulas jamás quedaron desprovistas de personal capacitado o en formación, aunque es cierto que se impone la idea de alentar un mayor seguimiento desde lo ético, profesional, y cognitivo hacia los nuevos educadores, especialmente en las enseñanzas primaria y secundaria. Por tanto, hay que velar por la integridad en lo que se hace ya sea por poco o mucho dinero, sobre todo si hablamos de la tarea que preserva sociedades, la educación.

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