Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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Iré a Santiago

santiago de cubaVolví a Santiago, fue algo así como un sueño, pero volví a Santiago. Caminé por Heredia, Enramadas. Descansé un rato en el Parque Céspedes. A mi memoria llegaron los almuerzos en el Hotel Casa Granda, las visitas a la casa museo de Diego Velázquez y el tenebroso día en que viendo Vampiros en la Habana me tembló la tierra en medio de la oscuridad del cine Rialto. El Son me llevó, el auténtico Son hecho de la mano del Septeto Santiaguero fue mi guía.


Y recordé aquellas noches de sábado en que me detenía en la calle Heredia a disfrutar del Septeto Nacional con Carlos Embale delante. En aquel sitio, lugar de historia y cultura, los caballeros que peinaban canas se disputaban a las damas entradas en la tercera edad para bailar el mejor de los danzones.
Y recordé a mi mulata con ojos de gata que en los 80 me acompañó. Recordé el sabor del prú, el mango bizcochuelo salido de las tierras de El Caney, el paticruzado de $ 10.80, las locuras del jabao del reparto Agüero, mis múltiples incursiones en el Rancho Club con o sin dinero. Y hasta las visitas al El Cobre a darle vueltas a la Virgen.
Y llegué a Quintero, subí por la escalinata y bajé por la derivada calzando los botines carmelitas hechos por las manos del moreno Sabita. Recordé al Boricua Querido gritándome barbaridades. Caramba Tony, te me fuiste muy temprano, pero te recuerdo a corazón abierto.
Y es que Santiago es mucho Santiago. Hoy me cuentan que anda tan bello y ardiente como lo dejé. Que los precios subieron, que para moverse han cambiado coches por motos, que las Avispas no pican después de la salida de los Pacheco, Pierre y Kindelán, que el “Guillermón” se ha apagado junto a su corneta china, pero que su gente sigue luchando con un faro en “Santa Ifigenia”.
Y me cuentan también que a Santiago hace unos años llegó un líder natural desde del centro del país, un líder no, un superlíder, de esos que por donde pasan dejan huellas. No se sabe a qué hora duerme porque vive metido en los problemas de la gente, lo mismo en Santa Úrsula que en San Pedrito. En realidad, el santiaguero ama a Expósito.
Y desperté encerrado en un majestuoso Milanés pinareño. Moví mis piernas, batí palmas ante el ícono de la música tradicional cubana. Fabuloso Septeto, dos Grammy con cinco nominaciones, es para dar Gracias nuevamente a Santiago. Quizás en tren nuevo, quizás en Yutong, quizás a pie, pero Iré a Santiago antes de que estire la pata.

Comentarios   

#1 Odelaine Herrera 04-09-2019 11:02
Bellas palabras. Sin duda alguna Santiago deslumbra, enamora...y me sumo a esos deseos de volver a la hermosa urbe santiaguera, ciudad que te recibe con los brazos abiertos siempre decides volver a ella.
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