Nuevo curso, nuevas expectativas…nueva vida

Categoría: Especiales
Escrito por Nazín Salomón Ismael / Ilustración tomada de Internet
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curso escolar nuevoComenzar un nuevo curso escolar es como un proceso de tres partes: despedida, aceptación y dedicación.


Cuando se comienza en el mundo estudiantil, todo son expectativas, ganas, y en algunos casos, temor. No sabía por qué mi compañera de mesa lloraba cada mañana mientras veía cómo se alejaba su madre, desde el enrejado portal de la escuela. La verdad es que le resultó muy difícil hasta que nació la confianza entre ambos, y juntos, comenzamos a aprender.
Transcurren seis años, los establecidos para la enseñanza primaria. Comienza una etapa diferente, no difícil, sólo cargada de cambios complejos. Recordemos que es una nueva fase en todos los sentidos. Se empieza a mostrar la adolescencia y lo que esta conlleva. Los estudios se agudizan y es angustioso mantenerlos en la primera línea de batalla cuando, ante las “demandas” personales nuestra mente piensa en otras cosas, por ejemplo: cuáles estrategias emplear para hacernos de amistades “populares”, que garanticen nuestro ascenso en una pirámide de apariencias, típica a esa edad.
Adiós a la secundaria básica, bienvenido el pre-universitario. Aquí luchas por reencontrarte con tus antiguos compañeros, los de trayectoria ininterrumpida. Si no lo logras no pasa nada, resulta más fácil hacer nuevos aliados, aunque se mantienen ciertas tradiciones como la necesidad de seguir en el ranking de favoritos; eso te bastará para los amores, nuevo concepto a aplicar en el recién llegado curso.
Las materias ya no son un pedazo de pastel, mucho menos los profesores. Llega el día en el que despiertas y te percatas de que tu futuro dependerá de un acumulado que debió interesar hace mucho pero que, por andar navegando en plena nebulosa inerte, se encuentra cual sequía en pleno mes de agosto. Aun así, reajustamos el tiempo y dejamos atrás los amores, y las actividades de ocio, todo para volver a la carga en pos de nuestro futuro.
“La universidad está a dos calles de distancia “, decía uno de mis profesores cuando, de forma repentina, le dije que quería estudiar periodismo. A esas palabras la siguió un...“entonces ponte para las cosas”; y me puse. Arribar a la enseñanza superior nunca es cosa fácil pero, ya no existe el temor de los seis años ni las expectativas de un romanticismo empedernido ni siquiera la búsqueda de popularidad en un grupo efímero de jóvenes extraviados.
Resulta que pasas alrededor de veinte años estudiando. Algunos lo ven innecesario, otros se quedan en medio camino, pero quienes vencemos cada fase, etapa o período, sabemos que esa experiencia trae muchas ganancias, especialmente humanas y culturales. Estudiar es un proceso, quizás expresado en más de tres palabras, pero en esencia es una opción de vida, muy necesaria al menos en nuestros primeros años, aunque para quienes aspiran a mucho más, es necesaria durante toda su existencia

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