
Podría decir que esta ha sido la entrevista más difícil: cuando ves que duele cada palabra y la voz naufraga en un océano de lágrimas, cuesta un mundo atreverse a hacer la próxima pregunta.
-Si prefieres paramos aquí mismo –se me ocurre decir.
-No te lleves por mis lágrimas, quiero dar la entrevista.
Parece frágil, mucho más joven de lo que es. Impecable aspecto, tal vez un poco recia y a la vez amable en el trato con los demás.
Refugiadas en la privacidad de su oficina, sin fotos ni autorización para publicar su nombre o lugar de trabajo; desnudó el alma.
¿Cómo te enteraste?
Fue hace ocho años, estaba embarazada. Cuando me hice los primeros análisis, un día va la doctora del consultorio a mi casa y me dice que debía repetirme un análisis que había dado alterado.
Pregunté cuál y me dice que el del VIH. Imagínate, se me cayó el mundo. Me hacen la prueba y cuando llega el resultado es negativo. Me olvidé de ese asunto y fui a pasar unos días en Palma Soriano.
Al regreso me informan que hubo un error y que debía interrumpir el embarazo porque se había confirmado que tenía VIH.
Pero no abortaste...
No. Mi mamá no sabía nada y el día que yo iba para el Clínico (Hospital General Dr. Juan B. Zayas Alfonso), ella me vio empacando y es cuando le digo la situación que tenía; fue terrible porque se puso peor que yo. Entonces nos fuimos para el hospital y allí me dijeron que primero había que hacerme un estudio.
La atención fue maravillosa: me ingresaron y los médicos Lamote –responsable del seguimiento a pacientes con VIH- y Evis Johnson -que llevaba la consulta de Pediatría especial- me dijeron que no me preocupara, que yo iba a tener a mi hijo. En ese momento la carga viral estaba un poquito alta, pero me aseguraron que mi bebé iba a nacer sano.
¿Cómo es la atención a una embarazada con VIH?
En mi experiencia, excelente. Te ponen tratamiento para mantener la carga viral indetectable, para mejorar el sistema inmunológico; el seguimiento médico es muy estricto; no te faltan los medicamentos y te dan la dieta alimenticia que necesitas...
Hice el tratamiento al pie de la letra y estuve ingresada en dos ocasiones más: una por tener anemia y la otra para la cesárea.
Pero es así con todos los pacientes: se nos garantizan los medicamentos y una dieta alimenticia. En mi caso la atención ha sido muy buena tanto en el área de Salud como en el Clínico. Cada seis meses tengo que hacerme estudios de carga viral, los CD 4, química sanguínea, entre otros.
Te hacen ultrasonido para ver el tamaño del hígado y de los riñones, si tienes catarro o problemas respiratorios te hacen radiografías; además me hacen la colposcopia, el exudado vaginal con KOH y la prueba citológica.
¿Y cómo está tu hijo?
Bien, sano... después de que nació estuvimos un buen tiempo asistiendo a la consulta de Pediatría especial. Yo digo que la doctora Johnson, que era la pediatra de entonces, es la segunda madre de mi niño. Te digo esto para que tengas una idea de la preocupación, el amor y el buen trabajo que realizan con los niños que nacen de madres seropositivas.
¿Tienes pareja?
Sí, pero mi historia con el VIH comenzó mucho antes de conocerlo, fue con un amor que se volvió un fantasma...
¿Cómo?
La persona que me infectó trabajaba cerca de mi centro laboral. Y cuando me veía pasar me piropeaba; luego comenzó a gustarme y empezamos una relación que para mí iba en serio: él visitaba mi casa, se llevaba bien con mi familia, eso duró cuatro meses.
¿Qué pasó?
Yo me enfermé. Al principio era solo un catarro, pero me puse tan mal que me ingresaron en el Hospital Militar, y él se alejó, sin más allá ni más acá. No fue a verme, dijo que no le gustaban los hospitales, y cuando me dan el alta, tampoco va a mi casa...nunca más me buscó; sencillamente desapareció.
¿Y cómo supiste que fue él?
Lo vi años después. Pasó por mi casa y yo estaba en el portal jugando con mi hijo que ya tenía un año. Me preguntó si ese niño era mío y cuándo le dije que sí se puso pálido, y dijo “¡Dios mío, qué yo he hecho!” y se fue sin darme tiempo ni de reaccionar. Ese día comencé a sospechar que él me había infectado, y luego coincidimos en una consulta de las que nos hacen a los pacientes seropositivos. Ahí confirmé que cuando tuvo relaciones conmigo ya conocía su diagnóstico, y no le importó infectarme.
Seguro por eso desapareció cuando te ingresaron; pensó que allí te harían la prueba... e infectar a alguien a sabiendas de que se tiene el VIH es sancionable por la Ley...
Claro. Cuando estaba ingresada me hicieron mil análisis, pero no el del VIH. Y en cuanto a denunciarlo, no quise porque eso implicaba que más gente supiera de mi enfermedad. Y prefiero mantener silencio, sobre todo por mi trabajo, que dé gracias a eso...
¿Alguien lo sabe en tu trabajo?
Sí, mis jefes lo saben y nunca me han discriminado por eso. Al contrario, me apoyan mucho. Pero no sé cómo reaccionarán los demás, por eso prefiero que no lo sepan.
¿Entonces, después del “fantasma” continuaste sin saber que tenías el VIH, y tuviste otras relaciones?
Solo una, con el padre de mi niño. Seis meses después de que el otro desapareciera, nos enamoramos. Él aún no sabe que vivo con VIH porque no lo infecté. Nunca he infectado a nadie...
¿Y cómo es eso?
Sí, está sano. Incluso mi pareja actual, que lleva cinco años conmigo, tampoco tiene VIH, y no se protege en las relaciones sexuales. Cuidarlo a él, es una de las razones más fuertes que tengo para cuidarme a mí misma.
Mi meta es poder vivir para mi hijo y para mi familia; pero también tengo la responsabilidad de no infectarlo. Soy muy rigurosa con mi tratamiento para mantenerme con la carga viral no detectable y tener los CD 4 altos.
(Silencio)
Fue duro cuando se enteró. Desde el principio, yo puse como condición que teníamos que usar condón. En ese momento no le conté de mi estado serológico.
La primera vez él lo usó, o eso pensaba yo... Pasados unos días me comenta que durante aquel encuentro se había quitado el preservativo. Cuando me dijo eso yo me quise morir, entonces tuve que contarle. Recuerdo que fue un 14 de febrero... qué noticia para ese día.
Se puso mal. Se emborrachó, se deprimió... aquello fue lo último. Le expliqué que cuando una persona con VIH tiene la carga viral no detectable y los CD4 altos la posibilidad de contagio es muy remota.
Lo llevé con la doctora Johnson para que se lo explicara. Ella le habló de una paciente con VIH que llevaba 10 años con su esposo y este se mantenía sano. Luego le hicieron la prueba y dio negativo, desde entonces cada seis meses se la repite y siempre da negativo.
¿Te gusta tu trabajo?
Sí, es lo que más disfruto, a pesar de los sacrificios y la alta responsabilidad. Trabajo con un sistema difícil de manejar y aquí solo yo me ocupo de eso.
Yo quería ser peluquera y estudié servicios de belleza. Como no hubo ubicación laboral, la dirección de Trabajo y Seguridad Social me ofertó una plaza en el organismo en que estoy actualmente y ahí trabajé tres años. Luego pasé a un hidropónico como auxiliar de contabilidad y un día me informaron que estaban ofertando cursos y así fue como volví a este sector. Eso fue hace 11 años y sigo aquí... y seguiré mientras tenga salud y capacidad porque me apasiona mi profesión.
¿Qué te gusta hacer cuando no estás trabajando?
Quedarme en casa. Adoro estar con mi familia, con mi hijo... Yo valoro más que antes lo que tengo: mi madre y mis hermanas, que son incondicionales y me aman; mi hijo que es mi mayor bendición; mi trabajo –que no dejo de ponerme metas y de superarme. Y en mis ratos libres me encanta ver telenovelas...
¿Telenovelas? ¿Llorar es un placer?
Jajajajajajajaja... a veces. Con las telenovelas sí. Te desconectas de los problemas, sigues la trama, te alegras cuando las cosas les salen bien a tus personajes favoritos... y claro, a veces lloras de emoción, para eso hacen las telenovelas, ¿no crees?
Pero he llorado y todavía lloro mucho. Por eso al principio de la entrevista te dije que no te dejaras llevar por mis lágrimas, no puedo evitarlas. Sin embargo, así como me ves, al final siempre me sobrepongo, me guardo la tristeza y enfrento la vida como cualquier otra mujer, incluso con más ganas...
Imagínate que esta ciudad, este país, este mundo es una gran aula en la que tú eres la maestra y vas a enseñarle a la gente lo esencial sobre el VIH. ¿Qué les dirías?
Primero que jamás tengan una relación sexual sin condón. A pesar de lo mucho que se habla de eso en los medios de comunicación, las personas siguen creyendo que las infecciones de transmisión sexual y el VIH/Sida son problema de otros, que no les va a afectar. Yo también lo pensaba y ya ves...
Esta enfermedad no discrimina: no importa tu raza, tu nivel de escolaridad, tu edad, tus creencias, no importa si tienes varias parejas o solo una; el VIH puede afectar a cualquier persona. Por lo tanto, hay que quererse y hay que cuidarse.
Y que no estigmaticen jamás a quienes viven con VIH, que si tienen un familiar, un vecino o un colega seropositivo no lo rechacen; nadie escogió tener esta condición y el rechazo solo trae más sufrimiento.
Esta santiaguera, de 38 años, es facilitadora de la promoción de salud y prevención de las infecciones de transmisión sexual y el VIH/Sida en su comunidad. Como ella, más de 400 mujeres en esta provincia viven con VIH y reciben la protección de un Estado que, entre otras garantías, ha logrado la certificación de la Organización Mundial de la Salud por eliminar la transmisión de madre a hijo del VIH.